Con el termómetro rozando o superando los 40 grados en buena parte de España, mantener la casa habitable se convierte en un reto diario. No todo el mundo tiene aire acondicionado, y quien lo tiene sabe que tirar de él sin control dispara la factura de la luz. La buena noticia es que la manera en que se comporta el calor deja bastante margen para actuar sin gastar apenas: se trata de impedir que entre de día y dejar salir el que se ha acumulado. Estos son seis trucos que de verdad funcionan.
1. Cierra al sol de día, ventila de noche
La medida más eficaz y la más olvidada. Durante las horas de sol, baja persianas y corre cortinas en las ventanas que dan al exterior, sobre todo las orientadas al sur y al oeste. Y en cuanto la temperatura de la calle cae por debajo de la de casa (de madrugada y a primera hora), abre de par en par para renovar el aire caliente. Ventilar al mediodía con 40 grados fuera es meter calor, no sacarlo.
2. Provoca corrientes cruzadas
El aire en movimiento enfría mucho más rápido que el aire quieto. Si abres ventanas en lados opuestos de la vivienda creas una corriente cruzada que barre el calor acumulado en minutos. Aprovecha esas ventanas enfrentadas en las horas frescas para vaciar la casa de aire caliente antes de volver a cerrarla a cal y canto por el día.
3. Persianas por fuera mejor que cortinas por dentro
Frenar el sol antes de que atraviese el cristal es clave: una vez el rayo entra, el calor ya está dentro. Por eso las persianas exteriores, toldos o esterillas son más eficaces que cualquier cortina interior. Si solo tienes cortinas, elige las de colores claros, que reflejan más luz y absorben menos calor que las oscuras.
4. Ventilador, sí, pero bien usado
Un ventilador no baja la temperatura del aire, pero mueve el que rodea la piel y favorece que el sudor se evapore, lo que produce una sensación de frescor real. Un truco casero muy extendido: colocar un recipiente con hielo o botellas congeladas delante del ventilador para que el aire salga algo más fresco. Eso sí, no dejes el ventilador encendido en una habitación vacía: enfría a las personas, no el cuarto.
5. Apaga lo que da calor
Muchos electrodomésticos son pequeñas estufas encendidas. El horno, las placas, e incluso las bombillas antiguas o el ordenador desprenden calor. En los días más duros, cocina platos fríos, aprovecha las horas de menos calor para las tareas que calientan y apaga los aparatos que no estés usando (no solo ahorras grados, también luz).
6. Refréscate tú, no solo la casa
A veces lo más eficiente es bajar la temperatura del cuerpo, no la de las paredes. Ropa ligera y clara, beber agua con frecuencia sin esperar a tener sed, mojarse muñecas, nuca y pies, y usar sábanas y textiles de algodón finos ayuda a descansar mejor por la noche. Estas medidas caseras alivian, pero no sustituyen a la prudencia: durante una ola de calor, el Ministerio de Sanidad recuerda que conviene evitar la calle en las horas centrales y vigilar a los más vulnerables: personas mayores, bebés y quienes padecen enfermedades crónicas.
Ninguno de estos gestos convierte una vivienda en un frigorífico, pero sumados pueden marcar la diferencia entre una casa asfixiante y una en la que se puede vivir sin encender el aire (o encendiéndolo mucho menos). En un verano que se anuncia largo y caluroso, el ahorro y el bienestar se juegan, en buena parte, en saber abrir y cerrar la ventana en el momento justo.



