Hubo un tiempo en que ganar 180.000 dólares al año en San Francisco era sinónimo de vida desahogada. Ya no. En la capital de la tecnología, incluso quienes cobran sueldos de seis cifras descubren que el dinero no llega, un fenómeno que analiza Xataka: el auge de la inteligencia artificial ha recalentado la ciudad hasta expulsar de facto a su clase media.

Cuando "renta baja" son 180.000 dólares

El dato que mejor resume el disparate es oficial. En el área de San Francisco, los umbrales de ingresos que la administración utiliza para definir quién tiene renta baja o media (y por tanto puede optar a vivienda protegida) se sitúan en cifras que en casi cualquier otro lugar de EEUU corresponderían a familias acomodadas: del orden de seis cifras incluso para hogares de tamaño medio, según la guía de ingresos de la ciudad. Dicho de otro modo: se puede ganar mucho y, aun así, ser "clase media" en San Francisco.

La vivienda, el gran sumidero

El motivo es, sobre todo, la vivienda. Comprar o alquilar en San Francisco está entre lo más caro de Estados Unidos: los alquileres de un solo dormitorio se cuentan por miles de dólares al mes y el precio de una casa se dispara muy por encima de la media nacional. Con ese nivel de precios, una parte enorme del sueldo se evapora solo en tener un techo, y lo que antes daba para ahorrar hoy apenas cubre los gastos.

La IA lo ha recalentado todo

La palanca de esta última vuelta de tuerca es el boom de la inteligencia artificial. La avalancha de inversión en empresas de IA ha atraído a San Francisco capital y talento en cantidades ingentes, ha elevado los sueldos de los ingenieros más cotizados y ha creado una nueva capa de grandes fortunas ligada a las salidas a bolsa y a los paquetes accionariales.

Ese efecto arrastra los precios al alza para todos: cuando una porción de la población puede pagar casi cualquier cosa por una casa, el mercado se ajusta a esa capacidad de gasto y deja fuera a quien "solo" gana un buen sueldo. Los barrios más deseables se tensionan y la vivienda asequible escasea.

Ganar y, aun así, perder

La paradoja de fondo es inquietante: San Francisco se ha convertido en una ciudad donde hasta los ganadores de la economía tecnológica pierden la carrera contra los precios. Profesionales cualificados, con ingresos muy superiores a la media del país, se ven empujados a compartir piso, a alejarse a la periferia o directamente a marcharse.

Es un aviso que va más allá de una ciudad concreta: cuando una industria concentra una riqueza enorme en muy pocas manos, puede acabar encareciendo la vida también para quienes trabajan en ella. San Francisco es hoy el laboratorio, extremo, de esa dinámica.