Se repite como un mantra: los jóvenes de hoy beben menos que sus padres. Y, en buena medida, es cierto. Pero esa realidad convive con una paradoja que retrata bien el análisis de Xataka: aunque el consumo baja, la presión social para beber sigue muy viva. La vieja frase "quien no bebe corta el rollo" no ha pasado de moda.
Los datos: menos alcohol entre los jóvenes
Las encuestas apuntan en una misma dirección. En España, el consumo habitual de alcohol entre los más jóvenes lleva años cayendo, una tendencia que confirman los sondeos escolares del Plan Nacional sobre Drogas (la conocida encuesta ESTUDES) y las encuestas de salud. Cada vez son más quienes beben solo de forma esporádica, o directamente no beben, y una parte creciente declara haber reducido su consumo por motivos de salud.
No es solo cosa de España: en varios países occidentales se observa que la Generación Z bebe, de media, menos que las generaciones anteriores, en especial menos cerveza y vino.
La presión que no se va
Y sin embargo, quien decide no beber sigue teniendo que dar explicaciones. La presión rara vez es una imposición directa; opera de forma más sutil: la mirada de extrañeza al pedir un refresco, el comentario "¿solo eso?", la insistencia amable pero constante. En muchos entornos de fiesta y celebración, el alcohol sigue siendo el pegamento social por defecto, y salirse de esa norma cuesta.
Ahí está el desajuste: el comportamiento real de los jóvenes cambia más deprisa que las expectativas culturales que lo rodean. Se bebe menos, pero se sigue esperando que se beba.
El auge de lo "sober curious"
Frente a esa inercia ha crecido un contrapeso: el movimiento "sober curious" (curiosidad por la sobriedad), muy visible en redes sociales, que reivindica el no beber —o beber mucho menos— como una elección positiva y no como una privación. A su rebufo se han multiplicado las bebidas sin alcohol: cervezas 0,0, vinos desalcoholizados y combinados sin alcohol que permiten "tener algo en la mano" sin renunciar a la vida social, como señala también The Conversation.
Muchos jóvenes asocian, además, moderar el alcohol con dormir mejor, cuidar la salud mental y ahorrar. La sobriedad deja de ser rareza para convertirse, poco a poco, en una opción más.
Ni tanto ni tan calvo
Conviene, eso sí, no idealizar. La caída del consumo no es universal ni homogénea: la Organización Mundial de la Salud ha advertido de repuntes preocupantes del consumo de alcohol entre adolescentes en algunas regiones. Y el descenso de la media no borra los problemas de quienes sí beben en exceso.
La foto de conjunto es la de una generación más informada sobre los riesgos del alcohol y que, en términos generales, bebe menos, pero que aún se mueve en una cultura del ocio pensada para que beba. Que "cortar el rollo" deje de asociarse a no beber será, quizá, la verdadera señal de que algo ha cambiado.



