Es una de esas historias que la conservación de la naturaleza no siempre puede contar: la de una especie que desaparece de un territorio y, décadas después, regresa. El águila pescadora (Pandion haliaetus), esa rapaz especializada en zambullirse para capturar peces, volvió a criar en Andalucía después de haberse extinguido allí como reproductora en 1982, y hoy encadena temporadas de éxito, según 20minutos.

Una veintena de parejas y un récord de pollos

La comunidad andaluza cuenta ya con alrededor de veinte parejas reproductoras repartidas entre dos grandes enclaves: la Reserva de la Biosfera Marismas del Odiel (Huelva) y los embalses de la provincia de Cádiz, como el de Barbate. En su mejor temporada reciente, la de 2025, esas parejas sacaron adelante 34 pollos volados en libertad, la cifra más alta desde que arrancó el programa, según recopila El Debate. Las lluvias de primavera, que mejoran el estado de los humedales y la disponibilidad de peces, ayudaron a ese registro.

Odiel, capital del águila pescadora

Las Marismas del Odiel se han convertido en el principal foco reproductor de la especie en la península. Sus aguas tranquilas, la abundancia de pesca y la protección del espacio ofrecen a estas rapaces las condiciones idóneas para instalar sus voluminosos nidos y criar sin apenas molestias. Buena parte de los pollos de cada temporada se anillan aquí, una tarea que permite seguir después sus movimientos.

Veinte años de un trabajo paciente

Detrás no hay azar, sino un programa de reintroducción iniciado en 2003 por la Junta de Andalucía junto a la Fundación Migres y Endesa. Entre 2003 y 2012 se soltaron cerca de 200 ejemplares traídos de Alemania, Escocia y Finlandia, con la idea de que arraigaran y formaran una población estable. El plan funcionó: de unas pocas parejas iniciales se ha pasado a la veintena actual, e incluso algunas aves nacidas en Andalucía se han detectado criando fuera de la comunidad.

Éxito con letra pequeña

El águila pescadora sigue catalogada como especie vulnerable, y su recuperación no está exenta de amenazas: la contaminación del agua, la pérdida de humedales, el cambio climático o los tendidos eléctricos. Pero el caso andaluz deja una lección optimista y poco frecuente: con inversión sostenida, colaboración entre administraciones y entidades, y ciencia detrás de cada decisión, una especie puede volver a surcar un cielo del que había desaparecido.