Pocos giros resumen mejor el cambio de época que vive Europa que el de la política de defensa española. Un Gobierno presidido por el PSOE, partido que en los años ochenta encabezó el rechazo al militarismo y a la propia OTAN, ha llevado el gasto militar a máximos históricos. La guerra de Ucrania, la presión aliada y una vecindad cada vez más inestable, con la tensión en Oriente Próximo de fondo, han acelerado un rearme que hace solo unos años habría sido impensable en la izquierda.
Del 1,4% al 2% del PIB
Las cifras marcan el rumbo. España pasó de invertir alrededor del 1,4% del PIB en defensa a alcanzar el 2% en 2025, con un gasto que ronda los 33.000 millones de euros, según Euronews. Ese salto ha situado al país entre los mayores presupuestos militares del mundo, un puesto que hace una década no ocupaba.
El Gobierno enmarca la inversión no como "rearme", término que rehúye, sino como modernización de unas Fuerzas Armadas envejecidas, con inversión en ciberseguridad, telecomunicaciones y nuevos sistemas, y con el argumento de que impulsa además a la industria nacional y crea empleo.
El pulso por el 5% de la OTAN
El telón de fondo es el nuevo listón que la OTAN se ha fijado: alcanzar el 5% del PIB en gasto vinculado a la defensa para 2035 (repartido entre capacidades militares y de apoyo). Es una meta que responde tanto a la guerra en Ucrania como a la presión de la Administración de Donald Trump para que los europeos asuman más carga.
En ese contexto, Pedro Sánchez ha jugado una baza singular: negociar para España una excepción que le permita mantenerse en el entorno del 2,1% en lugar de comprometerse con ese 5%, tal como analiza el Atlantic Council. El movimiento le ha valido fricciones con socios de la Alianza, pero le ha permitido rebajar el compromiso más exigente.
Tensiones dentro del Gobierno
Puertas adentro, el aumento del gasto militar es una de las grandes grietas de la coalición. Sumar, socio del PSOE, rechaza la lógica del rearme y sostiene que el desafío prioritario es otro, el cambio climático y las necesidades sociales, y que más gasto en armas no equivale a más autonomía estratégica europea. Formaciones a la izquierda del Ejecutivo hablan directamente de "espiral militar".
El Gobierno responde que la financiación no sale de recortar prestaciones ni de subir impuestos, sino de reorientar partidas y fondos ya existentes. Pero el debate de fondo (cuánto invertir en seguridad y a costa de qué) seguirá tensando la legislatura.
Un equilibrio en construcción
El resultado es un delicado equilibrio: responder a las exigencias de seguridad de la OTAN sin abrazar su objetivo más ambicioso, sostener la coalición con Sumar y defender que el escudo militar no se levanta contra el Estado del bienestar. Con la guerra en Ucrania sin resolver y la crisis con Irán recordando lo rápido que puede torcerse el escenario internacional, ese equilibrio se pondrá a prueba una y otra vez en los próximos meses.



