Apostar al futuro

Imagina un «contrato» cuyo precio sube si gana un candidato en unas elecciones, si el PIB supera cierto umbral o si un equipo levanta la copa. Eso, en esencia, es un mercado de predicción: un mecanismo donde los participantes ponen dinero sobre el resultado de eventos futuros, y el precio de cada contrato refleja la probabilidad que el mercado le asigna. Si la gente cree que algo tiene un 70% de posibilidades de ocurrir, el contrato cotiza en torno a 0,70 dólares y paga 1 si se cumple.

La idea no es nueva —los mercados de futuros llevan siglos canalizando apuestas sobre materias primas—, pero su democratización sí lo es. Polymarket y Kalshi permiten hoy a cualquiera participar en mercados sobre política, economía o deportes.

Dos modelos, un mismo auge

Polymarket opera sobre blockchain y usa criptomonedas; fundada en 2020, ganó enorme protagonismo con los mercados políticos de las elecciones de EE. UU. de 2024. Kalshi, en cambio, es una plataforma regulada directamente por el supervisor de derivados estadounidense, lo que le da un estatus legal más sólido; hoy el grueso de su volumen es deportivo. Según el Pew Research Center, el volumen mensual combinado de ambas pasó de menos de 5.000 millones de dólares en septiembre de 2025 a unos 24.000 millones en abril de 2026, superando ya el de las casas de apuestas deportivas legales en EE. UU.

En lo que va de 2026, las dos plataformas han movido más de 130.000 millones de dólares, frente a los 50.000 de todo 2025. Un crecimiento exponencial alimentado por la incertidumbre política y económica, la popularidad de las criptomonedas y la llegada de generaciones familiarizadas con los mercados.

La 'Arena' de Meta

Cuando un mercado crece así, los gigantes tecnológicos llaman a la puerta. Según The New York Times, recogido por Euronews, Mark Zuckerberg ha dado luz verde a una plataforma propia de predicciones, conocida internamente como Arena, que permitiría a los usuarios ganar puntos —no dinero real, al menos al principio— por acertar pronósticos. La lógica de Meta es obvia: con miles de millones de usuarios entre Facebook, Instagram y WhatsApp, incluso una pequeña fracción la convertiría en el mayor actor del sector de la noche a la mañana. No es su primer intento: en 2020 lanzó Forecast, una app de predicciones que cerró poco después. El mero anuncio de sus planes hizo caer las acciones de operadoras de apuestas como DraftKings o Flutter.

¿Apuestas o herramienta de información?

El gran debate es cómo clasificar estos mercados. Sus defensores los presentan como instrumentos de inteligencia colectiva: agregan información de miles de participantes y producen probabilidades a menudo más precisas que las encuestas. Sus críticos replican que, en la práctica, son apuestas, con sus riesgos de adicción y manipulación —no en vano han saltado ya casos de presunto uso de información privilegiada para ganar dinero en estas plataformas—.

En España, tanto Polymarket como Kalshi están bloqueadas por carecer de la licencia de juego exigida. En Estados Unidos, en cambio, la tendencia regulatoria reciente ha ido en sentido contrario, tratándolas como instrumentos financieros legítimos. El sector se juega algo más que dinero: se juega su definición legal, y de ella depende quién podrá operar, cómo y dónde. Con Meta entrando en escena, el debate no hará sino intensificarse.