Una noche de pólvora en Kirk o'Field

En la madrugada del 10 de febrero de 1567, una violenta explosión sacudió la casa de Kirk o'Field, a las afueras de Edimburgo. Entre los escombros apareció el cadáver de Lord Darnley, segundo esposo de María Estuardo, reina de Escocia. Tenía veintiún años, y curiosamente el cuerpo no presentaba quemaduras: muchos historiadores creen que fue estrangulado antes de que la pólvora volara el edificio. La sospecha recayó de inmediato sobre la reina, sobre todo cuando, apenas tres meses después, María se casó con el conde de Bothwell, señalado como autor material del crimen.

El cofre de plata y sus secretos

El 20 de junio de 1567, tras la derrota y captura de María, un sirviente de Bothwell reveló el escondite de un cofre de plata bajo una cama en Edimburgo. Dentro había, según los nobles que lo abrieron, ocho cartas, varios sonetos y contratos matrimoniales. El conde de Moray, hermanastro y rival político de la reina, difundió una tesis explosiva: aquellas cartas, supuestamente escritas por María a Bothwell en las semanas previas al crimen, demostraban que ambos habían planeado juntos la muerte de Darnley. En 1568 fueron presentadas ante comisionados ingleses, y a Isabel I de Inglaterra —que mantenía a su prima bajo custodia— le ofrecieron una justificación cómoda para retenerla.

¿Auténticas o falsificadas?

Desde el primer momento, los partidarios de María tacharon las cartas de invención. Los argumentos contra su autenticidad son de peso, según recoge elDiario.es: los originales desaparecieron —probablemente destruidos hacia 1584 por el propio hijo de María, Jacobo VI— y solo se conservan copias sin firmas, fechas ni destinatarios. María escribía habitualmente en francés, no en escocés, y algunas copias parecen traducciones de versiones en latín o inglés, lo que invierte el orden lógico si ella hubiera sido la autora. El historiador John Guy, uno de los grandes especialistas modernos, sostiene que partes sustanciales del contenido fueron alteradas con fines políticos. Otros, en cambio, señalan la sofisticación literaria de los textos como un rasgo difícil de fabricar. Lo indiscutible es que los documentos llegaron al proceso sin una cadena de custodia clara, en manos de quienes más tenían que ganar con la caída de la reina.

El largo cautiverio y el hacha de 1587

María pasó diecinueve años prisionera en fortalezas inglesas. Las Cartas del Cofre fueron el argumento para mantenerla alejada del poder, pero nunca se celebró un juicio con todas las garantías sobre el asesinato de Darnley. Fue finalmente la conspiración de Babington de 1586 —un complot para asesinar a Isabel en el que María apareció implicada— la que inclinó la balanza. El 8 de febrero de 1587 fue decapitada en el castillo de Fotheringhay; según los testigos, el verdugo necesitó tres golpes.

El cofre de plata, vaciado y con los escudos de María borrados, sobrevivió a su dueña varios siglos: en 2022 lo adquirió el Museo Nacional de Escocia por 1,8 millones de libras. Los originales de las cartas, en cambio, no existen —o alguien se aseguró de que nunca más pudieran hablar.