Un pajarillo discreto con una vida sexual sorprendente

El acentor común (Prunella modularis) es uno de esos pájaros que pasan desapercibidos: pequeño, pardo, frecuente en jardines y setos de Europa. Hasta que los biólogos estudiaron su vida reproductiva al detalle y descubrieron que practica la poliandria —una hembra que se aparea con varios machos— con una sofisticación que lleva décadas dando que pensar a los etólogos, desde los trabajos pioneros del ornitólogo Nick Davies en Cambridge.

Lo que ahora añade un giro, según recoge elDiario.es, es el papel activo de las hembras a través de la vocalización: no gritarían durante la cópula por azar, sino de forma estratégica.

La llamada que mueve los hilos

El sistema de apareamiento del acentor es extraordinariamente flexible: según el territorio y los recursos, una hembra puede vivir en monogamia, poliginia o poliandria. En los contextos de varios machos se desata una intensa competencia espermática —los machos llegan a aparearse decenas de veces al día, y el dominante incluso pica la cloaca de la hembra para expulsar el esperma de sus rivales antes de copular.

Es ahí donde cobran sentido las vocalizaciones femeninas. La hipótesis que maneja la divulgación científica es que la llamada de la hembra al aparearse con un macho secundario funciona como una señal que atrae de vuelta al macho principal; y cuanto más insistente es esa llamada, más alimento aporta luego ese macho al nido. La vocalización sería, así, una herramienta de negociación, no un reflejo involuntario. Conviene tomarlo con cautela: este vínculo concreto procede de la divulgación de fuentes como el biólogo Nathan Lents y merece contrastarse con el estudio primario antes de darlo por sentado.

Un desafío a una idea muy arraigada

Durante mucho tiempo, la teoría dominante describía a los machos como el sexo que compite activamente y a las hembras como el que elige de forma pasiva. El acentor ilustra que esa división puede ser mucho más borrosa: las hembras también maniobran, también compiten y, en este caso, también vocalizan para obtener recursos y diversidad genética. Los análisis de ADN en sus nidos confirman que los polluelos de una misma puesta tienen a menudo padres distintos, lo que da ventajas reales a la poliandria.

El fenómeno no es exclusivo de las aves: en primates está bien documentado que las hembras emiten llamadas copulatorias, con funciones parecidas —atraer a más machos o provocar competencia entre ellos. Que comportamientos así aparezcan en grupos tan distintos sugiere que pueden haber evolucionado de forma independiente como respuestas a problemas reproductivos semejantes.

Lo que aún no sabemos

Lo mejor documentado es la agencia activa de las hembras de acentor en la gestión de sus relaciones reproductivas; el detalle de cómo la intensidad de sus llamadas se traduce en más comida para el nido necesita aún confirmación en la literatura científica revisada. Pero incluso con esa cautela, el pequeño y anodino acentor basta para cuestionar la vieja imagen del macho que compite y la hembra que espera.