Su cara de pocos amigos y, sobre todo, su chillido la hicieron famosa en medio mundo. Ahora, esa misma rana diminuta acaba de recibir una mala noticia: la rana llorona del desierto (Breviceps macrops) ha entrado en una categoría de mayor amenaza en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que la ha reevaluado en su actualización de julio de 2026, según la BBC.
Una estrella de internet muy peculiar
La rana llorona se convirtió en un fenómeno viral hace más de una década gracias a un vídeo en el que emitía su característico sonido de defensa: un chillido agudo que recuerda al de un juguete de goma para perros, muy lejos del croar grave que asociamos a las ranas. El truco tiene explicación: cuando se siente amenazada, infla el cuerpo con aire para parecer más grande y suelta ese pitido tan cómico como inesperado. Con sus ojos saltones y su aspecto rechoncho, el vídeo dio la vuelta al mundo y la convirtió en una de las ranas más reconocibles del planeta.
Un hogar minúsculo y frágil
Detrás de la simpatía hay una especie extremadamente vulnerable. La rana llorona del desierto vive únicamente en una estrecha franja costera entre Namibia y Sudáfrica, un territorio muy reducido en el que excava madrigueras en la arena y pasa buena parte del año enterrada, a la espera de las escasas lluvias y de la humedad de las nieblas marinas. Tener un área de distribución tan pequeña la hace especialmente sensible a cualquier alteración de su entorno.
Las amenazas: diamantes y desarrollo
La principal presión sobre la especie es la minería de diamantes a cielo abierto, muy activa en esa costa, que remueve y destruye el suelo arenoso donde la rana hace sus madrigueras y fragmenta sus poblaciones. A ello se suman el desarrollo urbanístico e industrial del litoral y otras actividades que van degradando poco a poco un hábitat ya de por sí limitado. Su enorme popularidad, además, la ha convertido en objeto de deseo para algunos coleccionistas de animales exóticos, una presión añadida.
Un aviso más allá de la anécdota
El caso de la rana llorona ilustra algo que la UICN repite con frecuencia: que la fama no protege a una especie. Que un animal se haga viral no lo salva de desaparecer si su hábitat se destruye. Su historia (de estrella de las redes a especie amenazada) es un recordatorio de que la conservación se juega en decisiones concretas sobre el territorio, y de que incluso las criaturas más queridas de internet pueden estar, en el mundo real, al borde del abismo.



