Nos tomamos una pastilla y, minutos después, cogemos el coche sin pensar en la conexión entre ambas cosas. Es un gesto tan cotidiano como arriesgado. Según un estudio de Fundación MAPFRE y Bidafarma, realizado con la Dirección General de Tráfico y el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, en torno a uno de cada tres conductores admite ponerse al volante bajo los efectos de medicamentos que pueden comprometer su capacidad de conducción, muchas veces sin percibir el peligro.

Se sabe el riesgo, pero no se actúa

Lo llamativo del estudio es la brecha entre lo que se sabe y lo que se hace. Una amplia mayoría de conductores (más del 80%) reconoce que ciertos medicamentos pueden suponer un riesgo al volante, pero solo una minoría dice tomar precauciones adicionales cuando conduce medicado. En la práctica, casi nadie menciona los fármacos, de forma espontánea, entre los factores de peligro en carretera.

Qué medicamentos afectan (y son más comunes de lo que crees)

No hablamos solo de fármacos "fuertes". El Consejo General de Colegios Farmacéuticos calcula que alrededor de 5.400 medicamentos comercializados pueden influir en la conducción. Entre los grupos de riesgo más habituales están:

  • Ansiolíticos y somníferos (para la ansiedad o el insomnio).
  • Antidepresivos, sobre todo al inicio del tratamiento.
  • Antihistamínicos para las alergias.
  • Analgésicos opioides para el dolor intenso.
  • Relajantes musculares y algunos antigripales.

El problema es que muchos de estos productos se perciben como inofensivos, y ahí está la trampa.

Somnolencia y reflejos lentos

Los efectos sobre la conducción son directos: somnolencia, fatiga, pérdida de concentración y reflejos más lentos. En la carretera, unas décimas de segundo de más para reaccionar se traducen en metros adicionales antes de frenar, y la somnolencia puede desembocar en un accidente sin que el conductor llegue a darse cuenta. La propia DGT estima que entre un 5% y un 10% de los accidentes de tráfico pueden estar relacionados con el consumo de medicamentos.

El triángulo rojo de la caja

Aquí entra en juego un símbolo que conviene aprender a mirar. Desde hace años, la Agencia Española de Medicamentos (AEMPS) obliga a incluir un pictograma de advertencia en los envases de los medicamentos que pueden afectar a la conducción: un triángulo rojo con un coche negro en su interior y la leyenda "Conducción: ver prospecto", según la propia AEMPS. No prohíbe conducir: es un aviso para que se lea el prospecto y, en caso de duda, se consulte.

Cómo conducir con más seguridad

Las recomendaciones de la DGT y de los farmacéuticos son sencillas:

  • Lee el prospecto, sobre todo el apartado dedicado a la conducción.
  • Pregunta a tu médico o farmacéutico si puedes conducir con el tratamiento; muchas veces hay alternativas con menos efectos.
  • Extrema la precaución al empezar un tratamiento o al cambiar la dosis, cuando los efectos son más intensos.
  • No te automediques y ten cuidado si combinas varios fármacos.
  • Si notas sueño o falta de concentración, no cojas el coche.

La conclusión del estudio no demoniza a los medicamentos, que son necesarios: el peligro está en tomarlos y conducir sin ser consciente de cómo afectan. Cerrar esa brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos empieza por algo tan simple como leer la caja.