Un incendio forestal declarado el martes por la tarde en el término de Castillonroy, en la comarca oscense de La Litera, obligó a movilizar un amplio dispositivo de extinción y a activar a la Unidad Militar de Emergencias (UME). El fuego, avivado por unas condiciones meteorológicas extremas, llevó al Gobierno de Aragón a ordenar el confinamiento preventivo de la vecina localidad de Albelda, según informó elDiario.es.

Un fuego con el peor tiempo posible

El incendio se declaró hacia las 19:00 en terreno agrícola y de monte bajo, y se propagó con rapidez. La razón está en el tiempo: la zona registraba en ese momento una temperatura próxima a los 40 grados, una humedad relativa de en torno al 15% y viento del noreste de unos 25 kilómetros por hora, con rachas que superaban los 45. Esa combinación de calor, sequedad y viento es la que dispara la velocidad de avance de las llamas y complica cualquier labor de contención, como detalla El Diario de Huesca.

De la alerta al despliegue de la UME

A medida que el fuego crecía, el Gobierno de Aragón elevó su Plan de Protección Civil de Emergencias por Incendios Forestales (PROCINFO) a la situación operativa 2, el escalón que permite movilizar todos los recursos disponibles y solicitar medios del Estado. Así se activó la UME, que se sumó a las brigadas forestales autonómicas, los medios de la Diputación de Huesca y los equipos terrestres y aéreos. El operativo trabajó durante toda la noche para perimetrar el incendio.

La propagación obligó además a cortar dos vías: la carretera nacional N-230 y la autonómica A-140. El humo y la actividad del fuego provocaron también cortes de líneas eléctricas y daños en una antena de telefonía, lo que dificultó las comunicaciones en la zona.

Albelda, confinada y luego liberada

La medida más llamativa para los vecinos fue el confinamiento preventivo de Albelda, decretado la noche del martes mediante un aviso a los móviles (ES-Alert). No es que la localidad estuviera en peligro inmediato, sino que las autoridades optaron por la prudencia ante un fuego todavía sin controlar y un viento cambiante. La medida se mantuvo durante la noche y se levantó hacia las 8:30 de la mañana del miércoles, cuando la situación mejoró. La N-230 se reabrió al tráfico poco después.

En plena campaña de incendios

El de Castillonroy no es un episodio aislado, sino una muestra de lo que puede ser un verano complicado. Se produce en el marco de una ola de calor que ha castigado el noreste peninsular a comienzos de julio, con el mismo patrón que multiplica el riesgo: temperaturas muy altas, aire seco y viento. Según las últimas estimaciones, el incendio afectó a en torno a 400 hectáreas de terreno agrícola y forestal, sin que se hayan reportado heridos. Los servicios de emergencia insisten un año más en la prudencia para evitar que una imprudencia acabe convertida en un gran fuego.