A poco más de 87 kilómetros de Madrid, en la Sierra Norte y junto al valle del Lozoya, se esconde una de esas joyas del patrimonio que casi nadie conoce y que el tiempo estuvo a punto de borrar. Son las ruinas de la Casa del Bosque de Buitrago del Lozoya, una villa de recreo renacentista levantada por la poderosa familia Mendoza a finales del siglo XVI. La Comunidad de Madrid ha iniciado el expediente para declararla Bien de Interés Patrimonial (BIP), en la categoría de Monumento, según ha confirmado la propia Comunidad de Madrid.
Una villa de recreo a la italiana
El origen del edificio está fechado con precisión: en 1596, Íñigo López de Mendoza, de la casa del Duque del Infantado, encargó su construcción al maestro Diego Varela. No se trataba de un castillo ni de una fortaleza, sino de algo entonces muy novedoso en la zona: una villa de recreo al estilo de las que la aristocracia italiana del Renacimiento levantaba en el campo para la caza, el descanso y la vida social lejos de la corte. Un lujo pensado para el disfrute, con la mirada puesta en los modelos que llegaban de Italia.
La familia Mendoza llevaba ligada a estas tierras desde el siglo XIV, cuando recibió el señorío de Buitrago, y a lo largo de generaciones convirtió la comarca en un coto privilegiado. La Casa del Bosque fue la culminación de ese vínculo: la traducción, en piedra y ladrillo a orillas del Lozoya, del gusto refinado de uno de los linajes más influyentes de Castilla.
La visita de un rey
El sello de distinción se lo dio la propia monarquía. En 1601, recién terminada la obra, el rey Felipe III se acercó hasta la finca, atraído por la caza y por la villa que los Mendoza habían levantado, según recoge la documentación del expediente citada por MadridON. Aquella visita real es una de las claves de su valor histórico: da fe de que la Casa del Bosque no era un capricho menor, sino una construcción digna de recibir a un monarca.
Del esplendor a la ruina, y ahora a la protección
El paso de los siglos no fue amable. El abandono, la falta de mantenimiento y la intemperie fueron desmoronando la villa hasta dejarla en el estado de ruina consolidada en que hoy se encuentra, con su característico cuerpo central como parte mejor reconocible del conjunto. Desde 2020, trabajos de consolidación e investigación arqueológica han ido recuperando datos sobre cómo se construyó y cómo se vivía en ella.
La incoación del expediente de BIP persigue blindar legalmente el conjunto y reconocer, sobre todo, su valor documental y científico: la Casa del Bosque es un testimonio de primer orden para estudiar la arquitectura noble del Renacimiento, las villas de recreo de la aristocracia castellana y la influencia italiana en la España de los siglos XVI y XVII. Cuatro siglos después de que un rey se detuviera a admirarla, la Sierra Norte recupera para la memoria colectiva una de sus grandes joyas olvidadas.



