Pocos lugares parecen tan adecuados para hablar de cómo se construyen las imágenes como una cueva que la humanidad lleva 150 años reinterpretando. El Museo de Altamira ha incorporado a su programación de verano Dioramas, una exposición de Joan Fontcuberta que podrá verse del 17 de julio al 25 de octubre, según Infobae.

El fotógrafo que desconfía de la fotografía

Fontcuberta (Barcelona, 1955) ha hecho carrera minando la vieja idea de que "la cámara nunca miente". Premio Nacional de Fotografía en 1998 y Premio Hasselblad en 2013, ha construido buena parte de su obra sobre montajes verosímiles que el espectador toma por reales, para después revelar el truco y obligarle a pensar en cuánto de lo que ve da por cierto sin cuestionarlo.

Por qué encaja en Altamira

La muestra propone, según sus responsables, una reflexión sobre la narración de la realidad, el cuestionamiento de las imágenes y el poder de la representación. Es un discurso que resuena con especial fuerza en Altamira, un espacio que también es, en el fondo, un ejercicio de representación: la cueva original, la "neocueva" que la reproduce para poder mostrarla sin dañarla, y el relato arqueológico que interpreta a partir de unas pinturas lo que hicieron y pensaron sus autores.

La pregunta que sobrevuela la obra de Fontcuberta —¿quién decide qué fue real y cómo se cuenta?— adquiere otra dimensión en un museo levantado alrededor de unas manos y unos bisontes pintados hace miles de años.

Un verano de aniversario

La exposición llega en un año redondo para el museo, que celebra su 25 aniversario con una programación estival más amplia de lo habitual, en la que también tienen hueco otras actividades culturales y divulgativas. Dioramas aporta la pata contemporánea a esa efeméride: la fotografía más reflexiva puesta a dialogar con el arte más antiguo, en uno de los enclaves clave de la prehistoria europea.