La imagen del neandertal abrigado, cazando mamuts en una estepa helada, tiene los días contados. Un equipo liderado por la Universidad de Cantabria ha reconstruido el paisaje en el que vivieron estos homínidos en el norte de la península y el resultado desmonta el tópico: no era tundra, sino un bosque templado y montañoso repleto de recursos, según recoge elDiario.es.
El polen que guardaba Axlor
La clave está en el yacimiento de Axlor, en Dima (Bizkaia), uno de los grandes referentes del Paleolítico medio en la cornisa cantábrica. Allí, el grupo de investigación analizó 33 muestras de sedimento recogidas desde 2019 e identificó cerca de 9.000 microrrestos vegetales, sobre todo granos de polen, que funcionan como una cápsula del tiempo del entorno.
El trabajo lo firman, entre otros, la investigadora Talía Lazuen, codirectora de las excavaciones, y Sebastián Pérez-Díaz, y se ha publicado en la revista científica Quaternary Science Reviews. Los sedimentos cubren la ocupación neandertal del lugar, situada aproximadamente entre hace 100.000 y 50.000 años.
Un bosque en lugar de una estepa
El análisis del polen dibuja un paisaje muy distinto al del cliché. En torno a Axlor crecían robles, avellanos, abedules y tilos, es decir, un bosque atlántico templado que se mantuvo como refugio ecológico pese a las oscilaciones del clima. La densidad de la arboleda variaba con los ciclos fríos y cálidos, pero la vegetación forestal no desapareció.
Ese entorno ofrecía una despensa notable: frutos, plantas comestibles y presas para la caza. Lejos de sobrevivir a duras penas en un desierto helado, los neandertales de Axlor habitaban un territorio rico y variado.
Homínidos flexibles, no "hombres de hielo"
La conclusión encaja con una corriente cada vez más asentada en la paleoantropología: la de unos neandertales adaptables y versátiles, capaces de prosperar en ecosistemas templados y boscosos y no únicamente en la tundra. Su desaparición, hace unos 40.000 años, se explica hoy por una combinación de factores más compleja que la simple incapacidad de aguantar el frío.
El estudio, en suma, retira una capa más al viejo estereotipo del neandertal tosco y primitivo, y lo sustituye por el de un homínido que supo leer y aprovechar los bosques del norte peninsular.



