El verano español tiene una postal recurrente que se repite cada julio y cada agosto: kilómetros de coches parados al sol, con el aire acondicionado a tope y el reloj corriendo. Este año, además, con los ingredientes más explosivos de los últimos tiempos. A un turismo de récord se suma el movimiento de los propios españoles de vacaciones, y todo ello descarga sobre una red viaria que apenas ha crecido y que, en tramos clave, ha perdido los peajes que antes repartían el tráfico.

Los números del atasco

Las cifras dan la medida del problema. Turespaña y el sector calculan que este verano llegarán a España en torno a 43 millones de turistas internacionales (unos meses estivales de máximos históricos), según recogen medios como The Objective. En paralelo, la Dirección General de Tráfico (DGT) estima más de cien millones de desplazamientos de largo recorrido durante julio y agosto y ha activado su Operación Verano, con dispositivos especiales en los fines de semana de mayor salida, según La Moncloa.

El resultado es una concentración brutal en el tiempo y en el espacio: millones de vehículos que quieren usar las mismas carreteras, los mismos días y a las mismas horas.

Cuando quitar el peaje no despeja la vía

Buena parte del debate se ha desplazado a un fenómeno que parecía solo una buena noticia: el fin de los peajes en autopistas que van revirtiendo al Estado. El caso más citado es el de la AP-4 entre Sevilla y Cádiz, gratuita desde 2020: al desaparecer el peaje, absorbió el tráfico que antes se repartía con la carretera nacional paralela y hoy sufre retenciones kilométricas recurrentes en cuanto hay una salida masiva o un incidente. La misma lógica amenaza con reproducirse en otras vías que están dejando de cobrar peaje.

La paradoja es incómoda: liberar una autopista la hace más atractiva, pero si no se amplía ni se gestiona la demanda, esa autopista se convierte en el nuevo cuello de botella. Sin peaje que module el tráfico ni ingresos asociados para el mantenimiento, todo el flujo se canaliza por los mismos carriles.

El debate del pago por uso

De fondo late una discusión que ningún gobierno ha querido afrontar de lleno: el pago por uso de las carreteras. La patronal de las constructoras, Seopan, lleva tiempo proponiendo una tarifa por kilómetro para todos los vehículos, con la que financiar la conservación de una red que, según denuncia el sector, arrastra un déficit de inversión en mantenimiento. Frente a esa vía, la política de los últimos años ha ido en sentido contrario: más gratuidad y menos peajes, una medida popular pero que no aporta recursos para cuidar el firme ni para ampliar los tramos saturados.

Un problema estructural, no solo de agosto

Los atascos de verano son la cara visible de algo más profundo. La red no crece al ritmo del tráfico, la flota de vehículos española está envejecida y la inversión en conservación viene siendo insuficiente. Las operaciones especiales de la DGT (vigilancia, carriles reversibles, recomendaciones de horario) alivian los picos, pero no resuelven el fondo. Mientras no se decida cómo financiar y gestionar una red usada por decenas de millones de personas a la vez, el guion se repetirá cada verano: récord de turistas, récord de desplazamientos y, otra vez, kilómetros de coches parados al sol.