Una noche de bombardeos
Kiev vivió una noche de terror. En la madrugada del 2 de julio, Rusia lanzó un ataque masivo con drones y misiles contra la capital ucraniana y otras ciudades del país, que provocó incendios, daños en edificios residenciales y un número creciente de víctimas. El bombardeo llegó pocas horas después de que el presidente Volodímir Zelenski advirtiera a la población de una gran ofensiva rusa inminente, según recoge Al Jazeera.
Un balance que fue creciendo
Las cifras se agravaron a medida que avanzaba el día. El alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, cifró en al menos siete los fallecidos y en cerca de un centenar los heridos solo en la capital. En el conjunto de Ucrania, el balance ascendía a más de una veintena de muertos, según recogieron medios como PBS citando a las autoridades. Entre los daños, el derrumbe de parte de un edificio residencial de varias plantas, con personas atrapadas, y varios incendios en zonas del centro de la ciudad. Miles de vecinos pasaron la noche refugiados en las estaciones de metro.
La magnitud del ataque
El alcance del bombardeo da idea de su intensidad. Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia disparó del orden de 73 misiles y más de 650 drones sobre distintos puntos del país. Las defensas antiaéreas —reforzadas con material occidental— lograron interceptar o neutralizar la mayor parte, pero un número significativo alcanzó su objetivo, un patrón habitual en los grandes ataques de los últimos meses.
El contexto de la guerra
El ataque se enmarca en una escalada de las ofensivas aéreas rusas sobre ciudades ucranianas, más de cuatro años después del inicio de la invasión en 2022. Zelenski acusó a Moscú de rechazar cualquier salida negociada y de mantener una estrategia de desgaste contra la población civil. Ucrania insiste en reclamar a sus aliados más sistemas de defensa antiaérea, la principal barrera frente a unos bombardeos que, noche tras noche, ponen a prueba la resistencia del país.



