Un manjar pequeño que crece

Pocos productos del sector avícola pasan tan desapercibidos y, a la vez, gozan de tanto prestigio como la codorniz. Mientras el porcino y el pollo copan los titulares de la industria, esta pequeña ave se ha hecho un hueco de especialidad: una carne tierna y sabrosa y unos huevos diminutos que la alta cocina trata como una joya. España, junto a Francia e Italia, figura entre los principales productores europeos de codorniz, según los análisis del sector recogidos por Tridge.

De las monterías a la alta cocina

La codorniz forma parte de la tradición culinaria española desde hace siglos, ligada a la caza en tierras de Castilla. Pero su salto al primer plano gastronómico es más reciente. Los cocineros la aprecian por ser un producto agradecido y versátil, que lo mismo se prepara en escabeche o al horno que en elaboraciones de vanguardia; no en vano ha figurado en las cartas de la alta restauración española, como recuerda Guía Repsol. Sus raciones individuales y su presentación elegante la hacen ideal para menús de celebración.

El atractivo de los mercados asiáticos

El fenómeno no se queda en casa. En Asia —y muy especialmente en Japón—, los huevos de codorniz son un ingrediente de alto estatus, presente en el sushi, en las cajas bento y en la cocina más refinada. También en Oriente Medio crece el interés por productos avícolas de calidad premium. Conviene la cautela con las cifras exactas —los datos desglosados de exportación de codorniz no siempre son públicos—, pero los informes de mercado coinciden en un mismo diagnóstico: la demanda global de esta carne de especialidad crece año tras año, con Europa como uno de sus motores.

Un nicho con futuro

En un sector avícola marcado por la consolidación y la presión de costes, la codorniz demuestra que la escala no lo es todo: un producto de nicho, bien posicionado, puede resultar rentable tanto para el ganadero como para el cocinero. Con la carne convertida en reclamo de la restauración y los huevos en delicatessen internacional, esta pequeña ave tiene, a su modo, el viento a favor.