Recortes en cadena
El negocio de los videojuegos de Microsoft vive una etapa convulsa. Pese a ser una de las mayores tecnológicas del mundo y a presentar beneficios sólidos, la compañía ha aplicado recortes severos y sucesivos en su división de Xbox: miles de despidos y el cierre o reestructuración de varios estudios, en un proceso que la prensa especializada como The Verge ha descrito como un auténtico «reinicio».
Miles de empleos por el camino
Los ajustes han llegado por oleadas. A comienzos de 2024, tras integrar la compra de Activision Blizzard —una operación valorada en unos 69.000 millones de dólares—, Microsoft suprimió alrededor de 1.900 puestos en su área de juegos. El golpe mayor llegó en julio de 2025, con un recorte de en torno a 9.000 empleos en el conjunto de la empresa que afectó de lleno al negocio del videojuego. Son cifras que sitúan a Microsoft en el centro de una ola de despidos que sacude a todo el sector.
Estudios cerrados
Los recortes no solo se cuentan en nóminas: también han caído estudios con prestigio. En 2024, la compañía cerró Arkane Austin —ligado a sagas como Dishonored— y Tango Gameworks, autor del aclamado Hi-Fi Rush (este último acabaría siendo rescatado después por la surcoreana Krafton). Cada cierre deja proyectos en el aire y arrastra un coste difícil de medir: el del talento y el conocimiento acumulado que se dispersa.
La paradoja del sector
Lo llamativo es que estos recortes no responden a una quiebra: Microsoft gana dinero. El problema, señalan los analistas, es de márgenes y de estrategia. Tras años invirtiendo fortunas en comprar estudios para nutrir su servicio de suscripción Game Pass, la empresa afronta ahora unos costes de desarrollo disparados y un mercado de consolas que no crece como esperaba. De ahí su giro hacia lo multiplataforma —llevar sus juegos también a PlayStation, Nintendo o el móvil— y hacia el juego en la nube.
Una industria en ajuste
El caso de Xbox no es aislado. La industria del videojuego encadena desde hace años una contracción dolorosa, con decenas de miles de despidos en todo el mundo tras el boom de la pandemia. Para los jugadores, el efecto son proyectos cancelados y franquicias en pausa; para los trabajadores, una inestabilidad crónica en un sector que, paradójicamente, mueve cada año más dinero. La gran pregunta es si estos ajustes son la antesala de una etapa más sostenible o el síntoma de un modelo que aún busca su equilibrio.



