El fin de una batalla incómoda
La industria del videojuego cierra uno de sus conflictos más sonados de los últimos meses. Krafton, la editora surcoreana dueña de PUBG, y Unknown Worlds, el estudio creador de la saga Subnautica, han anunciado un acuerdo que pone fin a la disputa judicial que enfrentaba a ambas partes por un bonus de en torno a 250 millones de dólares vinculado a Subnautica 2, según recoge The Verge.
El origen del choque
El conflicto estalló en 2025. Krafton, que había comprado Unknown Worlds en 2021 con un incentivo millonario ligado al rendimiento de la esperada segunda parte, destituyó a los responsables del estudio —entre ellos su consejero delegado, Ted Gill, y los cofundadores Charlie Cleveland y Max McGuire— poco antes del lanzamiento del juego. Los afectados llevaron el caso a los tribunales (en Delaware, EE.UU.), acusando a la editora de maniobrar para eludir el pago de ese bonus, cuya activación dependía del calendario y las ventas del título. Un juez llegó a ordenar la readmisión de Gill.
Un lanzamiento que lo cambió todo
La partida dio un giro con el éxito de Subnautica 2. Su llegada en acceso anticipado —la fórmula que permite jugar y comprar una versión aún en desarrollo— superó los millones de copias en pocos días, uno de los mejores estrenos recientes en este formato. Con las ventas disparadas, mantener el pleito resultaba cada vez más difícil de justificar para Krafton, según coinciden medios especializados como Game Developer.
Qué incluye el acuerdo
El pacto, anunciado a comienzos de julio de 2026, cierra las demandas y, según lo trascendido, contempla que ese bonus se reparta entre toda la plantilla del estudio —y no solo entre los directivos— a lo largo de los próximos años. Como parte del entendimiento, Ted Gill dejará finalmente la dirección, que se cubrirá con un proceso de búsqueda externo, mientras Unknown Worlds sigue al frente del desarrollo de Subnautica 2.
Una señal para el sector
Más allá del caso concreto, el desenlace deja una lectura para toda la industria: las cláusulas de bonus por objetivos (los llamados earnouts) que acompañan a las compras de estudios son terreno fértil para el conflicto, sobre todo cuando la editora controla decisiones —despidos, fechas de lanzamiento— que influyen en si se cumplen o no. Que los desarrolladores hayan logrado un acuerdo favorable envía un mensaje sobre los límites de esas maniobras. Y, de paso, despeja el camino para que uno de los juegos más esperados del año llegue a buen puerto.



