El Estado, ¿socio de OpenAI?
La relación entre las grandes empresas de inteligencia artificial y el poder político vive un capítulo llamativo en Estados Unidos. Según distintas informaciones periodísticas, OpenAI —la creadora de ChatGPT— habría planteado la posibilidad de que el Gobierno estadounidense posea una participación en la compañía, como vía para rebajar la presión política y regulatoria que soporta en Washington, según adelantó CNBC. Conviene subrayarlo de entrada: se trata de una información, no de un acuerdo firmado.
Un fondo para repartir la «tarta» de la IA
La idea no ha surgido de la nada. Encaja en una propuesta que la propia empresa deslizó en primavera: crear una suerte de fondo público al que se donaría una parte del capital de las compañías de IA, de modo que la ciudadanía pudiera participar de las eventuales ganancias del sector. Las conversaciones entre OpenAI y la Administración vienen de tiempo atrás —según TechCrunch, el asunto lleva más de un año sobre la mesa—, y el propio presidente Donald Trump ha llegado a hablar públicamente de la posibilidad de que «el público estadounidense se convierta en socio».
Cifras modestas y muchas cautelas
¿De cuánto se hablaría? Aquí conviene la prudencia. Los porcentajes que se manejan son pequeños —del orden del 1% al 5%—, y nada está decidido: ni el importe, ni la forma jurídica, ni si finalmente saldrá adelante. Que un Estado entre en el capital de una empresa privada estratégica no es trivial: puede leerse como una fórmula para alinear intereses y calmar recelos, pero también plantea preguntas sobre la independencia de la compañía y el papel del Gobierno como accionista y, a la vez, regulador.
Por qué importa
Más allá del caso concreto, el episodio refleja un debate de fondo que va a marcar los próximos años: quién controla —y quién se beneficia— de una tecnología tan transformadora como la inteligencia artificial. La fórmula de una participación estatal es solo una de las respuestas posibles, y todavía muy verde. Habrá que esperar a que las partes confirmen los términos —si es que llegan a hacerlo— para saber si esta idea acaba siendo algo más que un globo sonda.



