La prevención lo es casi todo

El dato de fondo es rotundo: la gran mayoría de los incendios forestales en España tiene origen humano, ya sea por negligencia o de forma intencionada. Eso significa que muchos son evitables. En plena ola de calor, con la vegetación seca y el viento como aliados del fuego, extremar el cuidado no es una recomendación menor, como insisten las campañas del Ministerio para la Transición Ecológica.

Cómo evitar el fuego

Las reglas básicas son sencillas. No encender fuego en el monte fuera de las zonas autorizadas ni en época de alto riesgo; ojo con las barbacoas. No arrojar colillas ni cristales (pueden actuar como lupa). Cuidado con los trabajos agrícolas y la maquinaria que genera chispas en días de calor y viento. Y retirar restos vegetales y mantener despejado el entorno de las viviendas cercanas al monte. Un descuido —una colilla, una chispa— basta para desencadenar una tragedia.

Si detectas un incendio

Si ves humo o llamas, avisa cuanto antes al 112, el teléfono único de emergencias (también a través de la app My112, que permite localizarte). Da la mayor información posible: lugar, qué se quema, hacia dónde avanza. No trates de apagar por tu cuenta un fuego que no sea incipiente y muy pequeño: la prioridad es alertar y alejarse.

Qué hacer si te ves atrapado

Aquí es donde la información puede salvar vidas. Aléjate del fuego en sentido contrario al viento y, si es posible, ladera abajo: el fuego sube por las pendientes más rápido de lo que uno corre. Busca zonas ya quemadas o desprovistas de vegetación (caminos anchos, claros, terreno pelado), donde el fuego tiene poco que consumir. Evita barrancos estrechos, vaguadas y cunetas cerradas, porque actúan como chimeneas y acumulan humo y calor. Protégete las vías respiratorias con un paño, mejor húmedo, y cúbrete la piel. El humo —no las llamas— es la principal causa de muerte en estos episodios, así que mantente lo más bajo posible si te envuelve.

Sentido común en temporada de riesgo

En verano, y más aún con temperaturas extremas, conviene informarse del nivel de riesgo de la zona antes de una excursión y hacer caso a las indicaciones de las autoridades y de los agentes forestales. La combinación de prudencia individual y respuesta rápida de los servicios de emergencia es la mejor barrera frente a un fuego que, cada verano, amenaza vidas, viviendas y montes.