La muñeca más famosa del mundo tiene un origen que sorprende: no nació en una juguetería estadounidense, sino en las páginas de un periódico alemán, y no estaba pensada, precisamente, para niñas. Lo cuenta elDiario.es.

Un personaje para rellenar un hueco

En 1952, el dibujante Reinhard Beuthien creó un personaje para el diario alemán Bild que respondía a un encargo de lo más prosaico: rellenar un espacio libre en la página. Así nació Bild Lilli, una mujer adulta, coqueta y descarada, protagonista de viñetas de humor para lectores adultos. Nada infantil.

De la viñeta a la estantería

El personaje gustó tanto que, en 1955, se fabricó como muñeca de plástico. Seguía siendo un producto orientado a un público adulto, más un regalo pícaro que un juguete, pero ocurrió algo que nadie había previsto: las niñas se apropiaron de ella. Frente a las muñecas-bebé de la época, Bild Lilli era una mujer hecha y derecha a la que se podía cambiar de ropa e inventarle una vida.

El viaje de Ruth Handler

Ahí entra en escena Ruth Handler, cofundadora de la juguetera estadounidense Mattel. En un viaje a Europa se topó con Bild Lilli y entendió lo que llevaba tiempo intuyendo: que a muchas niñas no les interesaba jugar a ser madres de un bebé, sino proyectarse en una mujer adulta.

Handler llevó la idea a Estados Unidos y la reinventó con una estética propia. El 9 de marzo de 1959, Mattel presentó Barbie en la Feria del Juguete de Nueva York. El nombre venía de casa: era el diminutivo de Barbara, la hija de Ruth Handler.

El final de la muñeca original

La historia se cerró de la forma más práctica posible. En 1964, Mattel compró los derechos de Bild Lilli a sus fabricantes alemanes, y la muñeca original desapareció del mercado ese mismo año, absorbida por el fenómeno que había inspirado.

Lo que dice este origen

Que el juguete que define durante décadas cierta idea de feminidad naciera de una viñeta satírica para adultos es una de esas paradojas que la cultura popular produce sin querer. Bild Lilli fue el boceto; Barbie, la versión que conquistó el mundo. Y el puente entre las dos fue una empresaria que supo mirar un escaparate alemán y ver, en una muñeca descarada, un imperio.