Cómo funciona el sistema
La escena se repite en casi cualquier festival de verano: pides una bebida y, además del precio, pagas un depósito por el vaso, que en teoría recuperas al devolverlo. La idea nació de una buena intención y de una obligación legal: la normativa española de residuos, que desde 2023 restringe los plásticos de un solo uso y empuja a los grandes eventos a sustituir los vasos desechables por otros reutilizables. Sobre el papel, el sistema es impecable: se usa, se devuelve, se lava y vuelve a circular.
La crítica: grueso no es lo mismo que reutilizable
El problema aparece en la práctica. Como señala un análisis de Xataka, un vaso no es reutilizable simplemente por ser más grueso o llevar impreso un mensaje ecológico. Lo es solo si existe un circuito real de recogida, lavado y reutilización. Y ahí está el fallo: cuando ese circuito no funciona bien, muchos vasos terminan en la basura, olvidados por el suelo o guardados como recuerdo del concierto.
El matiz no es menor desde el punto de vista ambiental. Un vaso reutilizable emplea bastante más plástico que uno desechable convencional, precisamente porque está pensado para aguantar muchos usos. Si se utiliza una sola vez y se tira, su huella puede acabar siendo peor que la del vaso fino de usar y tirar al que pretende sustituir. Para compensar ese plástico extra, cada vaso tiene que reutilizarse varias veces.
El reproche del negocio
De ahí la sospecha que planea sobre parte del sector: que, mal aplicado, el sistema del depósito funcione más como una fuente de ingresos que como una medida ecológica. Cuando el vaso no se devuelve —porque el asistente se lo queda o porque no hay un punto de retorno cómodo—, el organizador se queda con el importe del depósito. El resultado es un modelo que se presenta como sostenible pero que, sin una gestión seria, reproduce buena parte del problema que decía combatir.
Cuando sí funciona
No todo el panorama es negativo, y conviene evitar la brocha gorda. Hay festivales que sí han montado sistemas eficaces, con puntos de recogida bien señalizados, devolución ágil del depósito y reutilización efectiva de los vasos en siguientes ediciones. La diferencia entre un caso y otro no está en el vaso, sino en la infraestructura: quien invierte en logística de recogida y lavado consigue que el modelo cumpla su propósito; quien no lo hace, se queda en el gesto.
Lo que está en juego
El debate llega en plena temporada de festivales y coincide con la presión, tanto de organizaciones ecologistas como de la propia normativa europea, para que la reutilización sea real y no un simple reclamo. La lección para el público es sencilla: el vaso reutilizable puede ser una buena herramienta, pero solo si se devuelve y se reutiliza de verdad. Y para los organizadores, el listón se resume en una idea: sin sistema de retorno, no hay reutilización que valga.



