Una playa sin bullicio

No todas las playas de Alicante son paseo marítimo, hilera de sombrillas y chiringuito. En el litoral de Elche, a pocos kilómetros del centro, se extiende Les Pesqueres —conocida también como El Rebollo—, una playa poco masificada de algo más de un kilómetro de arena fina y aguas tranquilas. Su modestia es su gran virtud: aquí todavía es posible encontrar un rincón para respirar en pleno verano, como recomienda elDiario.es.

Un paraje protegido

Lo que rodea a la playa es tan importante como la propia orilla. El entorno forma parte de un paraje natural protegido, integrado en la Red Natura 2000, la red europea de espacios de alto valor ambiental. Las dunas, en particular, gozan de una protección especial que impide urbanizarlas o alterarlas.

Es un ecosistema mediterráneo frágil y resistente a la vez: pinar de pino carrasco, vegetación de dunas como el barrón que fija la arena, y una fauna discreta pero presente —conejos entre la maleza, aves marinas y limícolas que recorren la orilla—. Esa naturaleza es, precisamente, lo que se pierde cuando una playa se urbaniza de más.

Cómo llegar y qué esperar

El acceso desde Elche es sencillo, aunque la playa no está pensada para grandes aglomeraciones. Cuenta con servicios básicos —aparcamiento, aseos y puesto de socorrismo en temporada—, pero sin la infraestructura de las playas urbanas. Conviene ir con lo necesario y, sobre todo, respetar el entorno: no pisar las dunas fuera de los pasos habilitados y no dejar rastro.

La propuesta para el verano

Para quien busca arena fina, baño tranquilo y naturaleza en lugar de música y multitudes, Les Pesqueres es una alternativa a mano dentro de la costa alicantina. Un consejo práctico de temporada: en julio y agosto conviene llegar temprano, y si se puede elegir, junio o septiembre regalan la misma playa con aún menos gente. Un recordatorio, además, de que en la abarrotada costa mediterránea todavía quedan tramos donde la prioridad sigue siendo el paisaje.