Por qué cultivamos plantas en el espacio

Desde hace años, la NASA cultiva plantas vivas en la Estación Espacial Internacional. El objetivo es doble: aprender a producir alimentos frescos sin gravedad para las futuras misiones de larga duración a la Luna y Marte —donde no bastará con la comida deshidratada— y aprovechar el efecto psicológico positivo que tiene cuidar de algo vivo durante meses de confinamiento. La lechuga ha sido uno de los cultivos estrella del programa. Pero la microgravedad, según una investigación reciente, altera los mecanismos de defensa de la planta.

El hallazgo: los estomas que no se cierran

Un equipo de la Universidad de Delaware publicó en Scientific Reports un estudio en el que sometió lechugas a microgravedad simulada (con dispositivos que rotan la planta para neutralizar el efecto de la gravedad) y las expuso a Salmonella, una bacteria causante de intoxicaciones alimentarias. El resultado fue llamativo: en esas condiciones, los estomas —los diminutos poros por los que la hoja respira— tendían a permanecer más abiertos y no se cerraban como defensa al detectar la presencia del patógeno. Esa puerta abierta facilitaba que la bacteria penetrara en los tejidos internos de la hoja, algo que en la Tierra ocurre con mucha más dificultad.

Cuando ni el «guardaespaldas» funciona

Los investigadores probaron una solución conocida en la agricultura terrestre: una bacteria beneficiosa (Bacillus subtilis UD1022) que ayuda a la planta a cerrar los estomas y frena a los patógenos. El problema es que, en microgravedad simulada, ese aliado perdía su eficacia, según Xataka, dejando a la lechuga sin su protección habitual.

Qué implica para los viajes largos

El hallazgo plantea un reto concreto para la exploración espacial. En misiones de dos o tres años, los astronautas necesitarán alimentos frescos, pero cultivarlos en el espacio conllevaría un riesgo añadido de contaminación. Conviene matizar que se trata de experimentos en microgravedad simulada, que no reproduce exactamente las condiciones orbitales, por lo que habrá que confirmarlo en la propia Estación. Aun así, los autores ya apuntan posibles medidas: usar semillas esterilizadas, extremar la higiene de los cultivos y seleccionar variedades más resistentes. La paradoja es elocuente: cultivar comida fresca será más difícil justo cuando más la necesitemos, lejos de casa.