Una cifra que retrata el cambio

Cerca del 70% de las competencias que las empresas piden hoy a sus equipos no existían hace apenas cinco años. El dato, recogido por El Debate a partir de un encuentro de directores de talento y recursos humanos, resume una transformación del mercado laboral que se ha acelerado con la irrupción de la inteligencia artificial y la digitalización de los procesos. La conclusión es incómoda para quien crea que la formación termina con un título: las reglas cambian más rápido que nunca.

Qué buscan ahora las empresas

Las nuevas competencias van mucho más allá de saber programar. Las compañías valoran cada vez más la capacidad de trabajar con sistemas de inteligencia artificial —formular las preguntas adecuadas, interpretar los resultados y aplicarlos al negocio—, el análisis de datos, la ciberseguridad y los conocimientos ligados a la sostenibilidad, un terreno donde, según Infobae, la demanda crece más rápido que la oferta de profesionales formados.

Pero la revolución no es solo técnica. Las llamadas habilidades blandas —adaptabilidad, pensamiento crítico, capacidad de seguir aprendiendo— se han vuelto tan decisivas como el dominio de una herramienta concreta, precisamente porque las herramientas cambian sin parar.

Formarse toda la vida

El corolario es claro: el reskilling (reciclarse hacia un nuevo perfil) y el upskilling (mejorar las competencias del propio puesto) dejan de ser cursos puntuales para convertirse en una rutina permanente. Para las empresas, invertir en la formación de sus plantillas se ha vuelto una cuestión de competitividad y de retención de talento; para los trabajadores, una vía para no quedarse atrás. Y para el sistema educativo —universidades y formación profesional— el reto es adaptar sus programas a una velocidad a la que no está acostumbrado.

Un mercado tensionado

El cambio llega, además, en un mercado laboral español tensionado, donde muchas organizaciones declaran dificultades para encontrar el talento que necesitan y donde el relevo generacional no siempre cubre las vacantes. En ese contexto, la pregunta ya no es si habrá que volver a formarse, sino con qué frecuencia. La carrera profesional del futuro —que en buena medida es ya la del presente— se parece menos a una línea recta y más a un aprendizaje que no termina nunca.