Un milagro entre los escombros
En medio de una de las mayores tragedias recientes de Venezuela, una imagen ha devuelto un destello de esperanza: el rescate con vida de una bebé de nueve meses sepultada bajo los restos de un edificio derrumbado en Catia La Mar, en el estado de La Guaira. La pequeña pasó más de 72 horas atrapada antes de que un equipo de búsqueda y rescate la sacara, junto a su madre, con solo lesiones leves.
El rescate corrió a cargo del equipo Virginia Task Force 1 / Fairfax County (USA-01), una unidad estadounidense desplegada en Venezuela el 26 de junio tras la activación del Departamento de Estado, según WUSA9. No ha sido el único caso esperanzador: en las mismas horas, los equipos lograron sacar con vida a un recién nacido de apenas 18 días y a su madre, también en la zona de La Guaira.
El balance de la catástrofe
Los rescates contrastan con la magnitud del desastre. Los dos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela la tarde del 24 de junio —uno de magnitud 7,2 seguido segundos después por otro de 7,5— provocaron el derrumbe de numerosos edificios en las zonas costeras. El balance oficial, que sigue en aumento conforme avanzan las labores, era de al menos 1.430 fallecidos el 27 de junio, según la agencia AP recogida por OPB —una cifra provisional, sujeta a revisión—.
Entre las víctimas hay ciudadanos españoles. El Gobierno de España ha confirmado cinco fallecidos y mantiene a más de un centenar de compatriotas en paradero desconocido en las zonas más afectadas, además de varios atrapados a la espera de ser localizados.
Una carrera contra el reloj
Los expertos subrayan que las primeras 72 horas tras un seísmo de esta magnitud son decisivas para encontrar supervivientes con vida; superado ese umbral, las posibilidades se reducen drásticamente. Por eso cada rescate como el de la bebé de Catia La Mar se vive como una victoria colectiva. Las operaciones continúan día y noche, con equipos internacionales —entre ellos los estadounidenses, con perros de búsqueda y material especializado— trabajando entre unos escombros que aún ocultan a un número incierto de personas. La esperanza, por ahora, no se ha apagado del todo.



