El peso es lo primero

Antes de mirar el diseño o el color, fíjate en cuánto pesa la mochila ya cargada. La regla que manejan los pediatras es clara: el contenido no debería superar en torno al 10-15% del peso del niño —algunas guías de salud amplían el margen hasta el 20%, pero conviene quedarse en la franja baja—. Si tu hijo pesa 30 kilos, la mochila no debería cargar más de 3 a 4,5. Y eso incluye el peso de la propia mochila vacía. Para un campamento en el que el niño caminará con ella puesta, cuanto más ligera, mejor, según recomienda el portal de salud infantil KidsHealth, de Nemours Children's Health.

Las características que marcan la diferencia

No todas las mochilas son iguales aunque parezcan del mismo tamaño. Conviene revisar en la tienda:

  • Tirantes anchos y acolchados. Los finos se clavan en los hombros; los anchos, con relleno, reparten la presión. Deben poder ajustarse a la longitud del torso del niño.
  • Respaldo ergonómico. Con acolchado y, a poder ser, canales de ventilación para las rutas largas.
  • Cinturón de cadera. Es el elemento más ignorado y el más útil: bien ajustado, traslada buena parte del peso desde los hombros y la columna a las caderas, que están mejor preparadas para soportar carga. Si la mochila no lo tiene, o es un simple adorno, descártala.
  • Tamaño proporcional. No debería ser más ancha que el torso ni colgar por debajo de la cintura.

Cómo distribuir la carga

Tener la mochila adecuada no basta si se llena mal. Lo más pesado, pegado a la espalda y en la parte alta (cantimplora, saco, ropa); lo mediano, en el centro; lo ligero o de uso frecuente, en los bolsillos exteriores. Y nada colgando por fuera: la esterilla o las zapatillas atadas al exterior desplazan el centro de gravedad y obligan al niño a arquear la espalda para compensar.

Señales de alerta y trucos para el campamento

Aunque la mochila sea perfecta, conviene vigilar: si el niño se queja de dolor en cuello, hombros o zona lumbar, nota hormigueo en los brazos o camina inclinado hacia delante, el peso es excesivo o el ajuste, incorrecto. Como reglas prácticas: pesa la mochila antes de salir con una báscula; que el niño la pruebe puesta y con algo de peso, no vacía; ajusta los tirantes cada vez; planifica paradas para descargar la espalda en las rutas largas; y revisa la lista del campamento para eliminar lo innecesario. La mejor mochila es la que el niño apenas nota.