El cuaderno más grande del genio del Renacimiento
El Codex Atlanticus es el legado documental más impresionante de Leonardo da Vinci. Sus 1.119 folios —la mayoría escritos o dibujados por las dos caras— reúnen cuatro décadas de trabajo: desde bocetos de máquinas voladoras y armas de guerra hasta estudios de anatomía, geometría, botánica e hidráulica. Custodiado hoy en doce volúmenes encuadernados en la Veneranda Biblioteca Ambrosiana de Milán, es la mayor colección de manuscritos originales del artista que existe. Pero durante siglos ese archivo estuvo, en cierto sentido, incompleto.
El corte de Pompeo Leoni
Tras la muerte de Leonardo en 1519, sus papeles pasaron a su discípulo Francesco Melzi y, más tarde, a otras manos. A finales del siglo XVI, el escultor milanés Pompeo Leoni adquirió un gran conjunto de cuadernos leonardescos y, con la intención de ordenarlos, hizo algo devastador para su coherencia: arrancó centenares de hojas y las repartió entre dos álbumes según su contenido. Las páginas más artísticas y anatómicas acabaron en la llamada Colección de Windsor —hoy en el Royal Collection Trust británico—, mientras que el resto formó el Codex Atlanticus, donado en 1637 a la Ambrosiana. Así, unas 550 hojas quedaron separadas del conjunto durante cuatro siglos.
Un reencuentro digital, no físico
El hito de 2026 no es una exposición ni una restauración material, sino una reunión digital. Según The Art Newspaper, el Museo Galileo de Florencia ha completado el proyecto Leonardotheka, una iniciativa de diez años en la que han colaborado el propio museo, la Biblioteca Ambrosiana, el Royal Collection Trust y la Biblioteca Leonardiana de Vinci. El archivo reúne por primera vez desde el siglo XVI las 1.119 hojas del Codex con las páginas que Leoni envió a Windsor, y, mediante el análisis de materiales, técnicas y filigranas del papel, ha permitido reconstruir la pertenencia original de medio centenar de hojas más que nadie había podido atribuir con certeza.
Por qué importa
Poder recorrer el Codex Atlanticus «completo» —aunque sea en pantalla— significa, por primera vez en unos 400 años, leer los cuadernos de Leonardo sin las lagunas que dejó la tijera de Leoni. Para los investigadores, abre la puerta a entender mejor la cronología de su pensamiento y a relacionar dibujos que durante siglos estuvieron en países distintos. La colección puede explorarse en línea, organizada por tema y tipología, en un recordatorio de hasta qué punto la tecnología puede reparar, siquiera virtualmente, el daño de la historia.



