Una apuesta acuícola con consecuencias imprevistas
A comienzos de los años setenta, las marismas del Guadalquivir —en el entorno de lo que hoy es Doñana— recibieron a un inquilino inesperado. El Procambarus clarkii, el cangrejo rojo americano, fue introducido deliberadamente en España desde el sur de Estados Unidos con un objetivo claro: aprovechar su rápido crecimiento y su resistencia para montar una industria de acuicultura rentable. Las primeras granjas se establecieron en la zona de Isla Mayor (Sevilla) y el negocio floreció. Lo que no se previó con rigor fue qué ocurriría cuando el crustáceo escapara de los recintos de cultivo. Y escapó, con creces.
Por qué se descontroló
El cangrejo rojo americano es, en términos biológicos, una máquina de supervivencia. Soporta temperaturas extremas, tolera niveles de contaminación que matan a otros invertebrados, puede recorrer tierra firme en busca de nuevas masas de agua y excava madrigueras que le permiten resistir sequías. Su capacidad reproductiva es abrumadora. En hábitats perturbados —canales de riego, arrozales, ríos cálidos— prospera donde otras especies fracasan. En pocas décadas colonizó ríos, embalses y humedales de casi toda la Península.
Un ecosistema que se derrumba
Su impacto está documentado. Según la base de datos de especies invasoras de la IUCN, en el lago de Chozas (León) su llegada provocó la desaparición de cerca del 99% de la vegetación acuática sumergida y, en cadena, fuertes caídas de invertebrados, anfibios y aves acuáticas. Pero el golpe más grave lo ha recibido el cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes): el americano actúa como portador asintomático del hongo causante de la «peste del cangrejo», letal para la especie europea. El cangrejo ibérico sobrevive hoy de forma residual, casi solo en arroyos fríos de montaña. A ello se suman el daño a anfibios —devora huevos y larvas— y los perjuicios en zonas arroceras, donde sus madrigueras dañan diques y canales.
Qué se hace para combatirlo
España incluyó al cangrejo rojo en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, lo que prohíbe su introducción, transporte y comercio en el medio natural, y la Unión Europea lo incluyó en 2016 en su lista de especies invasoras de preocupación comunitaria. En la práctica, las actuaciones se centran en el trampeo, en barreras físicas que protejan los últimos tramos con cangrejo autóctono y en la cría en cautividad de la especie ibérica. Pero los expertos reconocen que la erradicación total es ya inviable: está demasiado extendido. La historia del cangrejo rojo americano es, en el fondo, un recordatorio de que en ecología los atajos económicos rara vez salen gratis.



