De la ruptura al regreso

En julio de 2024, VOX abandonó sus gobiernos de coalición con el Partido Popular en varias comunidades en protesta por la decisión del PP de acoger a menores migrantes no acompañados procedentes de Canarias y Ceuta. Santiago Abascal acusó entonces a Génova de favorecer una política de «fronteras abiertas» y la alianza entre los dos grandes partidos de la derecha saltó por los aires. Dos años después, VOX está de vuelta en los ejecutivos regionales, y Abascal lo presenta como el comienzo de una etapa nueva.

Tres pactos con el sello de la 'prioridad nacional'

Entre la primavera y el verano de 2026, PP y VOX han sellado acuerdos de gobierno en Extremadura, Aragón y Castilla y León siguiendo un mismo molde. En Aragón, según El Independiente, VOX obtuvo varias consejerías y rango de vicepresidencia; el pacto de Castilla y León se articuló en un extenso documento con centenares de medidas. El hilo conductor de todos ellos es el concepto de «prioridad nacional», una política que aspira a condicionar el acceso a ciertas ayudas públicas en función del estatus administrativo del solicitante. El PP insiste en que se aplicará «dentro del marco legal vigente»; organizaciones de derechos civiles advierten de posibles choques con la legislación europea y el principio de igualdad.

Una advertencia velada en la asamblea

Ante la asamblea general de su partido, Abascal lanzó un mensaje de doble filo. Por un lado, proclamó que VOX entra en una etapa decisiva: la de gobernar. Por otro, recordó al PP el precio del incumplimiento. «Si nos volvemos a encontrar zancadillas y trampas, lo volveremos a hacer», advirtió, en alusión a la ruptura de 2024, según Lanza Digital. También exigió a sus vicepresidentes autonómicos cumplir los acuerdos «al pie de la letra».

La mirada puesta en La Moncloa

El regreso de VOX a los gobiernos autonómicos no es solo una cuestión territorial. En un contexto de mayorías frágiles en el Congreso, la consolidación de una red de ejecutivos PP-VOX en comunidades clave funciona como laboratorio político y como argumento de cara a un eventual cambio en el Gobierno central: permite a VOX demostrar que puede gobernar y al PP, que puede hacerlo con VOX sin que la coalición se rompa al primer desacuerdo. Que esa arquitectura aguante dependerá, en buena medida, de que no surja otro asunto tan polarizador como el de los menores en 2024. Porque, como dejó claro Abascal, VOX no ha renunciado a la salida como instrumento de presión.