La 'vía Starmer' llega a España
La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, lanzó la primera piedra: Pedro Sánchez debería imitar al exlíder laborista británico Keir Starmer y dar un paso atrás, dejando paso a alguien con más capacidad de cumplir los compromisos con Cataluña. Al día siguiente, el secretario general del partido, Jordi Turull, concretó las condiciones: primera, el sucesor no tiene por qué ser del PSOE; segunda, debe garantizar el cumplimiento de los acuerdos ya firmados con el independentismo; y tercera, la más polémica, quien aspire a ese pacto tiene que viajar a Bélgica. «Si alguien se cree seriamente esta alternativa, ha de venir a Waterloo», afirmó.
Por qué Waterloo y no Madrid
Desde 2017, Carles Puigdemont reside en Waterloo, a las afueras de Bruselas, donde el independentismo sitúa su «govern a l'exili». Puigdemont no puede pisar España sin riesgo de ser detenido por su papel en el proceso de 2017. Para Junts, exigir que las negociaciones se celebren allí tiene un doble valor: práctico —su líder no puede acudir a Madrid— y simbólico, como reconocimiento político. No es la primera vez que usa esta palanca: ya en julio de 2025, cuando el PP exploró una eventual moción de censura, Junts condicionó su apoyo a una reunión de Feijóo con Puigdemont en Waterloo. Turull recordó que durante la investidura de Sánchez en 2023 el PSOE sí envió delegaciones a Bélgica: «Seremos igual de exigentes con el PSOE que con el PP».
El Gobierno dice no
El Ejecutivo descartó la propuesta y la calificó de «absurda», según recogió El Debate. Turull aseguró que dentro del PSOE existen «voces» favorables a explorar esa vía, aunque no identificó a nadie ni aportó pruebas públicas —un extremo que ninguna fuente socialista ha confirmado—. La propuesta encierra además una contradicción que varios analistas han señalado: Junts quiere apartar a Sánchez, pero sin que lleguen el PP o VOX, un escenario aritméticamente casi imposible en el Congreso.
Una legislatura tensada
El propio Turull habló de «legislatura zombi» para describir la situación: un Gobierno que sigue en pie pero con escasa capacidad de avanzar. Junts lleva meses tensando la cuerda —votó en contra de cuentas y bloquea iniciativas legislativas—, y la condición de Waterloo, más que un requisito logístico, se ha convertido en el símbolo de hasta dónde está dispuesto a ceder el partido de Puigdemont. La maniobra, leída por varios medios como una forma de ganar tiempo, deja claro que la estabilidad de la legislatura sigue pendiente de un hilo muy fino.



