Hay competiciones de motor donde gana quien mejor gestiona la gasolina. En esta gana quien mejor gestiona la luz. El Solar Car Challenge enfrenta a equipos de institutos que han pasado meses construyendo un coche capaz de moverse solo con la energía que recogen sus paneles.

Qué es y desde cuándo

La competición se creó en 1993 para motivar a los estudiantes hacia la ciencia y la ingeniería y para dar visibilidad a las energías alternativas, según explica la propia organización. El programa enseña a alumnos de secundaria de distintos países a construir vehículos solares aptos para circular.

Su alcance acumulado da la medida del asunto: cerca de 75.000 estudiantes han pasado por él, repartidos en 261 proyectos de 39 estados estadounidenses y cinco países.

Dos formatos que se alternan

El Challenge no se corre siempre igual. Alterna entre exhibiciones estáticas en el Texas Motor Speedway y ediciones de travesía, en las que los equipos recorren carretera abierta y van mostrando sus vehículos al público por el camino.

La convocatoria de este año es de las de viaje: arranca en el Texas Motor Speedway y sigue con un recorrido por Texas.

Por qué es más difícil de lo que parece

Un coche solar de instituto no es un kit que se monta un fin de semana. Hay que resolver a la vez tres problemas que tiran en direcciones opuestas.

El primero es la energía disponible, que es la que es: la superficie de panel que cabe en el vehículo, multiplicada por el sol que haya ese día. El segundo es el peso, porque cada kilo de más se paga en consumo. El tercero es la aerodinámica, que a las velocidades de estas carreras pesa más de lo que intuye cualquiera acostumbrado a coches convencionales.

A eso se suma que el vehículo debe ser apto para circular, con lo que implica en frenos, visibilidad y seguridad. Y que quien lo conduce es también quien lo ha construido.

Lo que se aprende por el camino

El interés del formato es que obliga a algo que rara vez aparece en un aula: tomar decisiones con recursos limitados y comprobar en la carretera si eran correctas. Un error de cálculo en el consumo no se corrige con una nota al pie, se traduce en un coche parado esperando a que salga el sol.

Es también un ejercicio de logística y de trabajo en equipo sostenido durante meses, que es la parte del trabajo de ingeniería que menos se parece a resolver un problema de examen.

No es la única

Fuera de Estados Unidos existen competiciones equivalentes, aunque en su mayoría de nivel universitario y no de instituto. La más conocida es el World Solar Challenge australiano, una travesía de miles de kilómetros que se ha convertido en la referencia del sector, y en Europa se celebra una prueba de resistencia de 24 horas en circuito.

La diferencia del caso texano es la edad de los participantes. Aquí quien suelda, calcula y conduce tiene entre catorce y dieciocho años.