La imagen es potente: un robot con forma humana, de pie en una línea de montaje, apretando tuercas junto a operarios de carne y hueso. Xiaomi lleva meses alimentándola y esta semana ha dado cifras nuevas. Merece la pena mirarla despacio, porque en robótica humanoide la distancia entre el vídeo y la fábrica suele ser considerable.

Lo que dice Xiaomi

Según el seguimiento que ha publicado TechNode, la compañía asegura que sus humanoides trabajan desde la primavera en la planta donde fabrica sus coches eléctricos, ocupándose de tareas concretas: colocar tuercas, montar paneles laterales, plegar piezas. La tasa de acierto en la colocación de tuercas habría pasado de rondar el 90% al 98%.

El propio Lei Jun, fundador de Xiaomi, se refirió en su día a estos robots con una palabra que vale más que cualquier análisis: "becarios". Es decir, aprendices que hacen tareas acotadas y supervisadas, no trabajadores autónomos. South China Morning Post recoge además la intención de la empresa de desplegar "un gran número" de estos robots en sus fábricas dentro de cinco años.

Lo que está verificado por terceros

Menos de lo que parece. Todas las cifras de rendimiento proceden de la propia Xiaomi. No hay auditoría independiente, ni datos de fiabilidad a largo plazo, ni acceso de terceros a la línea de producción para comprobarlo. Los medios que lo han contado, incluidos los citados aquí y Xataka en español, informan de lo que la empresa comunica, que es una cosa distinta de confirmarlo.

Eso no significa que sea falso. Significa que, por ahora, la única fuente es la parte interesada.

Por qué el 98% no es tan buena noticia como suena

Aquí está la parte que casi nunca aparece en los titulares. Un 98% de acierto suena a sobresaliente en un examen y a desastre en una cadena de montaje.

En fabricación de automóviles, los brazos robóticos convencionales llevan décadas haciendo este tipo de tareas con tasas de fallo que se miden en piezas por millón, no en porcentajes de dos cifras. Un 2% de fallos en la colocación de tuercas, extrapolado a la producción de una planta, son miles de operaciones fallidas que alguien tiene que detectar y corregir.

La comparación relevante, por tanto, no es "robot humanoide contra operario humano". Es "robot humanoide contra el brazo robótico atornillado al suelo que ya hacía esto mejor, más rápido y más barato". El humanoide gana en una sola cosa: flexibilidad. Puede, en teoría, cambiar de tarea sin rediseñar la célula de trabajo. Pierde en todo lo demás: precisión, velocidad, capacidad de carga, coste y fiabilidad demostrada.

Entonces, ¿por qué lo hace Xiaomi?

Por lo mismo que lo hacen Tesla, Figure o BMW con sus respectivos programas: porque tienen una fábrica propia donde probar sin pagar penalizaciones a un cliente. Es un banco de pruebas gratuito y con buena prensa.

Y hay una razón industrial legítima detrás. Si algún día un robot de propósito general resulta lo bastante fiable, el ahorro no está en sustituir al brazo robótico de la línea principal, sino en cubrir las decenas de tareas intermedias, irregulares y de bajo volumen que hoy no compensa automatizar. Ese es el premio, y todavía queda lejos.

Cómo leer la próxima noticia sobre humanoides

Con tres preguntas: quién da las cifras, durante cuánto tiempo se han medido, y contra qué se comparan. En este caso las respuestas son: la propia empresa, unos pocos meses, y nada.

El experimento de Xiaomi es real y es interesante. La revolución industrial que muchos titulares le atribuyen, de momento, no está en los datos.