El 16 de julio de 2024, un meteorito se desintegró sobre Nueva Jersey y uno de sus fragmentos atravesó el tejado de una casa en Hillsborough, hasta caer en un dormitorio. El propietario notó olor a azufre y encontró los restos esparcidos por la habitación.

Lo que hizo a continuación es la razón por la que esto es noticia dos años después: se puso guantes, recogió los fragmentos y los guardó en frascos de vidrio. No los manoseó, no los dejó a la intemperie y no esperó. Según recoge Xataka, eso ha bastado para que los investigadores dispongan de una muestra en un estado de conservación excepcional.

Por qué el vidrio importa tanto

Un meteorito empieza a estropearse, desde el punto de vista científico, en cuanto toca el suelo. La humedad, el oxígeno y los compuestos orgánicos de la propia Tierra, incluidos los que deja una mano al tocarlo, se infiltran en la roca y contaminan justo aquello que se quiere medir: qué moléculas de carbono traía de fuera.

La mayoría de los meteoritos que se estudian han pasado semanas o meses en el campo antes de que alguien los recoja. Este pasó horas antes de quedar aislado del aire. Un frasco de cristal no reacciona con casi nada, y por eso es exactamente el material que se usa en un laboratorio para lo mismo.

Qué se ha encontrado

Hillsborough es una condrita carbonácea de tipo CM, una clase de meteorito primitivo formado por roca y agua que procede de los materiales originales del sistema solar, de hace unos 4.540 millones de años. Los análisis dan alrededor de un 1,8% de carbono y un 0,07% de nitrógeno.

Y ahora la parte que conviene decir con toda claridad, porque es donde suelen descarrilar los titulares: esto no es vida, ni prueba que la vida viniera del espacio. Lo que muestra es que la química del carbono se produce por su cuenta en el cosmos, sin necesidad de que haya nada vivo. Encontrar los ladrillos no significa haber encontrado la casa, ni saber quién la construyó.

Lo que ya sabíamos por Murchison

El punto de comparación obligado es el meteorito de Murchison, caído en Australia en 1969, que sigue siendo la referencia en este campo. En él se han identificado decenas de aminoácidos, incluidos algunos que no existen de forma natural en la Tierra, y compuestos relacionados con las bases del ADN y el ARN.

Más de medio siglo de análisis después, en Murchison no ha aparecido nunca un solo indicio de vida. Lo que demostró, y sigue demostrando, es otra cosa: que el universo fabrica por su cuenta la materia prima. Cómo se pasó de ahí a un ser vivo es la pregunta que permanece abierta.

El valor de Hillsborough está en la calidad de la muestra. Es una oportunidad poco frecuente de medir esa química con menos ruido de fondo del habitual.

La lección práctica

Si alguna vez le cae del cielo una piedra sospechosa, ya sabe: guantes, frasco de cristal, y avisar a un museo o a una universidad antes de enseñársela a medio barrio. Cada dedo que la toca borra un poco de lo que esa roca llevaba escrito desde antes de que existiera la Tierra.