El Reino Unido cambia de primer ministro este lunes sin que nadie haya votado. Andy Burnham, de 56 años, alcalde del Gran Mánchester desde 2017, sustituye a Keir Starmer al frente del Gobierno británico tras haber sido elegido líder del Partido Laborista, según informa Al Jazeera.

Cómo funciona esto, para el lector español

Merece la pena detenerse aquí, porque el sistema británico no se parece al español en un punto clave. En el Reino Unido no se elige al primer ministro: se eligen diputados, y quien encabeza el partido con mayoría en la Cámara de los Comunes es llamado por el monarca para formar gobierno.

La consecuencia es la que se ve hoy. Si el partido gobernante cambia de líder a mitad de legislatura, cambia de primer ministro sin que haya elecciones. El Laborismo mantiene la mayoría que obtuvo en las urnas en 2024; lo que ha cambiado es quién la dirige. No es una anomalía ni un golpe de mano: es el funcionamiento ordinario del sistema, y en la última década los conservadores lo utilizaron varias veces.

Sin rivales

Starmer anunció su dimisión el 22 de junio, tras una acumulación de controversias políticas y unos malos resultados en las elecciones locales, según la misma información.

La sucesión ha sido inusualmente rápida. Las normas laboristas exigen que un aspirante reúna el respaldo de al menos una quinta parte de los diputados del partido para presentarse. Burnham superó ese umbral con holgura y, al no presentarse ningún otro candidato, fue elegido sin oposición, sin que llegara a celebrarse una votación entre militantes.

Antes de todo esto tuvo que resolver un problema previo: no era diputado. Burnham dejó Westminster en 2017 para dirigir el Gran Mánchester, donde se ganó el apodo de "rey del Norte", y ha tenido que volver al Parlamento ganando una elección parcial hace apenas unas semanas. Sin escaño no podía optar al liderazgo.

El lunes, en unas horas

El calendario del día es el habitual en estos casos y suele resolverse en cuestión de horas: Starmer presenta formalmente su dimisión ante el rey en el palacio de Buckingham, Burnham acude después a Downing Street, pronuncia su primera declaración como primer ministro y empieza a nombrar su Gabinete.

Qué se puede esperar

Burnham llega con un perfil distinto al de su antecesor. Su capital político no se ha construido en Westminster sino en la gestión de una gran ciudad del norte de Inglaterra, y su discurso ha girado alrededor de la descentralización: transferir competencias y dinero desde el Gobierno central hacia las regiones.

Para España y para la Unión Europea, la pregunta obvia es si esto altera la relación posterior al Brexit. Burnham ha expresado en el pasado su deseo de que el Reino Unido se acerque de nuevo a la UE, pero también ha aclarado que no propone una reincorporación ahora. Lo previsible, en todo caso, es continuidad más que giro: la agenda pendiente con Bruselas y con Madrid, incluida la relativa a Gibraltar, viene negociada desde hace años y no depende de quién ocupe Downing Street esta semana.

Los detalles que faltan, y son bastantes, se sabrán con el primer Consejo de Ministros. Este periódico irá contrastándolos según se confirmen.