Contar mariposas durante quince minutos al sol no parece un método científico serio, y sin embargo es uno de los censos de fauna más grandes del mundo. El Big Butterfly Count británico arrancó su edición de 2026 el viernes 17 de julio y se prolongará hasta el 9 de agosto, según convocó la organización Butterfly Conservation.

Por qué este año importa

Llega con una expectativa alta. La primavera británica ha sido de las más cálidas registradas, y las olas de calor combinadas con periodos secos y algún chaparrón oportuno han creado condiciones favorables tanto para la reproducción como para el crecimiento de las orugas.

Las señales tempranas acompañan. Se han observado en gran número la manto bicolor y la náyade, mientras que la pavo real, la vanesa almirante roja y la limonera han tenido un buen arranque de temporada.

El punto de partida: una emergencia declarada

El contraste es lo que da sentido a la expectación. En 2024, el mismo recuento arrojó los peores resultados de su historia, hasta el punto de que la organización declaró formalmente una "emergencia de las mariposas".

Ese antecedente explica la prudencia con que la propia entidad recibe las buenas señales de esta primavera: una estación brillante es solo una parte de la historia, y precisamente por eso hace falta el censo, para saber si lo que se intuye en abril se sostiene en agosto.

Cómo funciona el método

La mecánica es deliberadamente sencilla, y esa sencillez es lo que permite reunir cientos de miles de observaciones. Cualquier persona elige un lugar soleado, dedica quince minutos a anotar las mariposas y polillas diurnas que ve, y envía el resultado.

Miles de recuentos individuales, repartidos por todo el país y repetidos año tras año con el mismo protocolo, producen una serie comparable. No sustituye al seguimiento profesional por transectos, más riguroso, pero cubre una extensión geográfica que ningún equipo de investigadores podría abarcar.

Por qué las mariposas son un buen termómetro

Son insectos de sangre fría cuyo ciclo depende directamente de la temperatura: un año cálido acelera el paso de huevo a oruga y de oruga a adulto, y puede permitir más de una generación en la misma temporada. Eso las hace muy sensibles al clima a corto plazo.

Esa misma sensibilidad es la que las convierte en indicador. Responden rápido, y sus poblaciones reflejan tanto la meteorología del año como el estado del hábitat a largo plazo: la pérdida y fragmentación de espacios y el cambio en los usos agrícolas pesan más que un buen verano suelto.

Y en España

España cuenta con su propio esquema de seguimiento de mariposas, integrado en la red europea de Butterfly Monitoring Schemes, basado en transectos que voluntarios y técnicos recorren de forma periódica siguiendo un protocolo fijo.

Su diagnóstico no es trasladable al británico, y conviene no mezclarlos: el clima mediterráneo, el conjunto de especies y las presiones sobre el territorio son distintos. Pero el mecanismo de fondo es el mismo, y también aquí la respuesta a un año bueno o malo se lee en series largas, no en la impresión de un paseo por el campo.