La final se juega esta noche a las 21:00 hora española. Hay sitios donde eso significa organizar una expedición doméstica: buscar el satélite, calcular si el bar cierra antes del descanso, compartir la única pantalla que hay en varios cientos de kilómetros.

Veintiséis personas en la Antártida

En la base británica de Rothera, del British Antarctic Survey, invernan 26 personas. En una superficie de 5,48 millones de millas cuadradas viven ahora mismo menos de mil, según recopiló ESPN.

Verán el partido con un proyector y un televisor en las zonas comunes. Martin Kibble, uno de los que están allí, describe el ambiente con una advertencia realista: es como estar en casa, aunque los aficionados de verdad al fútbol se cuentan con los dedos de las dos manos.

Un apunte para el lector español: las bases españolas en la Antártida, Juan Carlos I y Gabriel de Castilla, no están operativas en julio. Las campañas antárticas españolas se desarrollan durante el verano austral, entre noviembre y marzo, de modo que en pleno invierno del hemisferio sur no hay nadie allí para verla.

Un bar que cierra a media final

Tristán da Cunha, poco más de 200 habitantes, está a 2.300 millas al sur de Ascensión y a 1.750 millas de navegación desde Ciudad del Cabo. No hay aeropuerto.

Su único bar, el Albatross, cierra a las nueve de la noche en hora del este de Estados Unidos, que es la referencia horaria del partido. Con ese horario, la mayoría lo verá en casa. Leon Glass, vecino de la isla, aporta el detalle que más desconcierta a un lector peninsular: allí la mayoría ha ido apoyando a Inglaterra.

Ascensión, la BBC y el bar de la base

En la isla de Ascensión viven entre 800 y 1.000 personas, a unas 1.000 millas de la costa de Liberia. Allí la retransmisión llega por la BBC y por ITV, y el punto de reunión es el bar del complejo NAAFI. Tristan Hudson lo resume sin adornos: algunos salen a los bares o al NAAFI para ver los partidos juntos.

La pantalla más grande de Svalbard

En Longyearbyen, uno de los asentamientos habitados más septentrionales del mundo, el restaurante Tio Monchos proyectará la final. Su responsable, Andreas Styrsell, promete la pantalla más grande del archipiélago.

La referencia de afluencia que da ESPN no es la de esta noche sino la de un Noruega-Inglaterra anterior, que reunió a unas 400 personas. Sirve para hacerse una idea del tamaño de la convocatoria, no como previsión.

Kiribati, o lo que cambia un satélite

En Kiribati, 21 atolones habitados repartidos por el Pacífico central, la novedad es la conexión. Eriati Reebo lo cuenta en una frase: todo el mundo está viendo el Mundial en el móvil.

Hay además pantalla comunitaria, en el Betio Sport Complex de Tarawa. Es la diferencia entre seguir un Mundial por resultados al día siguiente y verlo mientras ocurre, y en muchos de estos sitios esa diferencia es reciente.

Lo que tienen en común

Ninguno de estos lugares está cerca de nada, y en todos hay alguien que ha organizado el asunto: buscar el cable, mover un proyector, abrir un local a horas raras. Es el mismo gesto que se repite esta noche en cualquier bar de España, solo que con más logística por medio.