Un gigante que empezaba siendo diminuto
Cuesta imaginarlo, pero el temible Tyrannosaurus rex —hasta ocho metros de largo y varias toneladas de peso en su madurez— empezaba la vida siendo poco más grande que un gato doméstico. Es la principal conclusión de un estudio que ha examinado los primeros restos conocidos de crías de este dinosaurio, y que reescribe lo que se creía sobre su nacimiento, según ha divulgado elDiario.es.
Los análisis apuntan a que, al salir del huevo, aquellos ejemplares pesaban menos de dos kilos y medio. Una diferencia abrumadora con el coloso en que se convertirían décadas después, y que ilustra uno de los crecimientos más espectaculares del reino animal.
Nacidos para correr
Lo más llamativo no es solo el tamaño, sino la autonomía. Los investigadores sostienen que las crías eran muy precoces: nada más eclosionar podían caminar, correr y alimentarse por sí mismas de pequeñas presas, sin depender de que un adulto las cebara, como recoge Phys.org. Para llegar a esa conclusión, el equipo empleó escáneres de rayos X de sincrotrón, una técnica que permite mirar el interior del hueso sin dañarlo y leer en él las huellas del crecimiento.
Ese desgaste temprano en los dientes y las marcas en el hueso sugieren que aquellos "bebés" ya se movían y cazaban activamente, un modelo de vida muy distinto al de las crías indefensas de muchas aves actuales, sus parientes vivos.
Decenas de huevos por nidada
El trabajo, titulado Hatchlings of Tyrannosaurus rex and the Evolution of Dinosaur Reproductive Strategies, firmado por Nicholas R. Longrich y colaboradores y publicado en la revista Biology, también arroja luz sobre la reproducción. Los autores estiman que cada nido pudo contener del orden de 20 a 30 huevos.
Esa cifra dibuja una estrategia intermedia entre dos mundos: la de los reptiles actuales, que ponen muchos huevos y apenas cuidan de las crías, y la de las aves, que invierten mucho esfuerzo en menos descendientes. El T. rex, según este retrato, apostaba por muchas crías autosuficientes, un modelo que ayuda a explicar su éxito evolutivo.
Una infancia por descubrir
Durante décadas, la etapa infantil de los grandes tiranosaurios había sido casi un agujero negro para la ciencia: apenas se conservaban restos de ejemplares tan jóvenes, en parte por lo frágiles que son esos huesecillos. Hallazgos como este empiezan a llenar ese vacío y muestran que, para entender a uno de los animales más famosos de la historia, hay que fijarse también en cómo empezaba: pequeño, veloz y, desde el primer minuto, un cazador.



