Una advertencia que se repite cada verano
Con la operación salida y los grandes desplazamientos, la Guardia Civil de Tráfico vuelve a recordar en sus redes sociales un peligro tan cotidiano que casi nadie ve: viajar con los pies apoyados en el salpicadero. El mensaje es directo: "te la estás jugando, un frenazo y comienzan los problemas". Es una postura típica del acompañante en viajes largos, buscando estirar las piernas, pero los expertos en seguridad vial llevan años desaconsejándola.
Qué pasa en un frenazo
La física es implacable. Ante un frenazo brusco o un impacto, el cuerpo sigue avanzando por inercia. Con los pies en alto, las piernas salen disparadas hacia el rostro y el pecho, y las rodillas, las espinillas y los tobillos pueden golpear con violencia contra el salpicadero o los propios ocupantes, como explican los especialistas. Lo que en una postura normal serían molestias, en esta puede traducirse en fracturas graves.
El cinturón deja de protegerte
El problema de fondo es que esa posición anula el sistema de retención. El cinturón de seguridad está diseñado para trabajar con la espalda pegada al respaldo y los pies en el suelo. Si el acompañante va recostado y con las piernas levantadas, se produce el temido "efecto submarino": el cuerpo se desliza por debajo de la banda del cinturón en lugar de quedar sujeto, con riesgo de lesiones abdominales y en la pelvis, según ha advertido la propia DGT.
A ese riesgo se suma el del airbag: si salta con las piernas de por medio, su despliegue —violento y a gran velocidad— puede empujar las rodillas contra la cara y el tórax y causar un daño aún mayor que el propio accidente.
Cómo viajar cómodo y seguro
La comodidad en los trayectos largos es legítima, pero hay maneras seguras de conseguirla:
- Los pies, en el suelo y la espalda apoyada en el respaldo.
- Usar cojines de cuello o lumbares si el asiento resulta incómodo.
- Para estirar de verdad las piernas, parar cada cierto tiempo en un área de descanso: es lo recomendable también contra la fatiga al volante.
- Llevar el cinturón bien colocado durante todo el viaje, ciudad incluida.
Un frenazo puede llegar en cualquier momento —un animal que cruza, un coche que se detiene de golpe— y no avisa. Por unos centímetros de comodidad, no merece la pena renunciar a la protección que puede marcar la diferencia.



