Un consumo que se cronifica
Más de 300.000 personas en Euskadi toman pastillas para la ansiedad o el insomnio durante más tiempo del recomendado, según los datos que maneja Osakidetza, el servicio vasco de salud. Hablamos de las benzodiacepinas, un grupo de fármacos —ansiolíticos e hipnóticos— muy eficaces a corto plazo, pero que no están pensados para tomarse de forma indefinida.
Ante esa realidad, Osakidetza ha puesto en marcha una campaña para revisar y reducir estos tratamientos, que incluye el envío de miles de cartas a pacientes y avisos a los profesionales, como han recogido medios vascos.
Para qué sirven y cuánto deberían durar
Estos medicamentos ayudan a calmar la ansiedad y a conciliar el sueño, y son un recurso útil en momentos puntuales de crisis. El problema es el tiempo: las guías sanitarias recomiendan usarlos durante periodos cortos —del orden de unas pocas semanas—, porque a partir de ahí empiezan a pesar más los inconvenientes que los beneficios. Superado ese plazo, muchos pacientes acaban tomándolos durante meses o años.
Los riesgos del uso prolongado
Mantener estos fármacos demasiado tiempo tiene consecuencias conocidas. La principal es la dependencia: el cuerpo se acostumbra, el efecto se reduce (tolerancia) y dejarlos de golpe puede provocar un desagradable síndrome de abstinencia, con más ansiedad e insomnio de rebote. En las personas mayores, además, se asocian a un mayor riesgo de caídas y fracturas y a problemas de memoria y concentración.
Qué hacer (y qué no)
El mensaje de los expertos es claro y conviene subrayarlo: no hay que dejar estas pastillas por cuenta propia ni de forma brusca, precisamente por ese riesgo de abstinencia. Lo adecuado es hablar con el médico, que puede plantear una retirada gradual y valorar alternativas como la terapia psicológica, la mejora de los hábitos de sueño o técnicas de relajación.
La iniciativa vasca se enmarca en una preocupación más amplia: España es uno de los países del mundo con mayor consumo de benzodiacepinas, y desde hace años las autoridades sanitarias insisten en racionalizar su uso. No se trata de demonizar un medicamento útil, sino de recordar que, como herramienta, tiene su momento y su duración; y que la salud mental necesita, casi siempre, algo más que una pastilla.



