Quien creció en España entre los años 70 y 90 tiene, probablemente, un cajón de la memoria lleno de cuadernos Rubio, cromos, meriendas de Cola Cao y tardes de televisión con Espinete. Ese cajón se ha convertido en una exposición: "Yo fui a EGB" ha llegado al centro cultural Conde Duque de Madrid, dentro de la programación de Veranos de la Villa, según el Ayuntamiento de Madrid.

Más de mil objetos de la vida cotidiana

La muestra reúne más de mil piezas de la vida diaria de varias generaciones: material escolar, discos, álbumes de cromos de fútbol, videojuegos primitivos, cintas de VHS, juguetes y objetos de decoración doméstica de los años 70, 80 y 90. No son piezas de museo tras una vitrina fría, sino cosas que estuvieron en casi todas las casas, como recoge Telemadrid.

El montaje va más allá del objeto suelto: recrea espacios enteros de la época. Hay un aula con pupitres de madera y mapas escolares, una tienda de videoclub de barrio y estancias domésticas que muchos visitantes reconocen al instante como "la casa de la abuela". La gracia está, precisamente, en ese reconocimiento: el visitante no observa el pasado, lo habita.

De una página de Facebook a un fenómeno cultural

"Yo fui a EGB" no nació como exposición. Empezó hace más de una década como un proyecto en internet en el que miles de personas compartían recuerdos de su niñez, y de ahí saltó a libros superventas y a otros formatos hasta convertirse en un auténtico fenómeno de la nostalgia española. La marca conecta con quienes vivieron la EGB (la Educación General Básica, el sistema escolar de varias generaciones) pero también atrae a hijos y nietos, que descubren cómo eran la infancia y la adolescencia de sus padres.

¿Por qué engancha tanto? Porque la nostalgia, cuando es compartida, deja de ser un sentimiento privado para volverse un juego colectivo. Cada objeto abre una conversación ("esto lo tenía yo", "los sábados veíamos esto"), y convierte la memoria individual en un relato común. En tiempos de consumo cultural fragmentado, la muestra recuerda una época en la que, para bien o para mal, casi todos miraban lo mismo.

Cómo visitarla

La exposición puede verse en Conde Duque con entrada gratuita hasta el 30 de agosto, según Time Out. Conviene reservar un buen rato para el recorrido: entre el volumen de objetos y el efecto "me acuerdo de esto", la visita da para más de una hora de viaje en el tiempo. Un plan sencillo, barato y con garantía de sonrisa (y algún que otro "cómo hemos cambiado") para este verano madrileño.