Estar moreno se ha convertido para mucha gente en sinónimo de estar sano, guapo y "de vacaciones". Pero, para algunas personas, esa aspiración se transforma en una obsesión difícil de controlar. Se llama tanorexia (del inglés tan, bronceado) y, como recoge 20minutos, afecta cada vez a más mujeres jóvenes.
Qué es exactamente
La tanorexia no es solo querer ponerse morena. Es una conducta compulsiva por la que la persona necesita broncearse una y otra vez y se expone al sol o a las cabinas de rayos UVA de forma excesiva, incluso cuando su piel ya está claramente bronceada. En el fondo hay una distorsión de la imagen corporal: quien la sufre se ve siempre "demasiado pálida", nunca suficientemente morena, y siente ansiedad cuando no puede tomar el sol. Por eso los especialistas la sitúan en la órbita de los trastornos dismórficos corporales, junto a fenómenos como la vigorexia (obsesión con la musculatura) o la ortorexia (obsesión con la comida sana), según canalSALUD, de MAPFRE.
Por qué "engancha"
Que se hable de adicción no es casual. La exposición al sol estimula la liberación de endorfinas, sustancias que producen una sensación placentera; ese pequeño "subidón" actúa como refuerzo y empuja a repetir. Cuando la persona no puede broncearse, pueden aparecer irritabilidad, ansiedad o bajo estado de ánimo, casi como un síndrome de abstinencia. A ese mecanismo se suma la presión estética de las redes sociales, donde el bronceado perfecto se exhibe como ideal, especialmente de cara al verano.
Los riesgos para la salud
Aquí está lo importante. Exponerse de forma repetida y sin protección a la radiación ultravioleta, ya sea del sol o de las cabinas, tiene consecuencias serias: envejecimiento prematuro de la piel (manchas, arrugas, flacidez), quemaduras y, sobre todo, un aumento del riesgo de cáncer de piel, incluido el melanoma, uno de los tumores más agresivos. El cáncer de piel es de los más frecuentes y su incidencia lleva años al alza en España, un motivo más para tomarse en serio la fotoprotección.
Señales de alarma y prevención
Conviene encender las alertas cuando aparece la necesidad compulsiva de broncearse, la ansiedad si no se puede tomar el sol, la sensación permanente de estar "poco moreno" pese a estarlo, o cuando la persona organiza su vida alrededor del bronceado. Las recomendaciones de los dermatólogos son claras: usar protector solar de amplio espectro (SPF alto), evitar las cabinas de rayos UVA, no exponerse en las horas centrales del día y pedir ayuda psicológica si se reconocen estos patrones. Estar moreno no merece poner en riesgo la salud de la piel.



