Es uno de esos misterios que el Renacimiento parecía haber dejado sellado para siempre. En octubre de 1587, el gran duque de Toscana Francesco I de Médici y su esposa, Bianca Cappello, murieron con apenas un día de diferencia tras varias jornadas de fiebres en la villa de Poggio a Caiano, cerca de Florencia. En una corte plagada de intrigas, la sospecha fue inmediata: veneno. Y el principal señalado, durante más de cuatro siglos, fue el hermano del duque, el cardenal Fernando, que heredó el ducado. Ahora, la ciencia ofrece una respuesta muy distinta.

Lo que dice el ADN

Un equipo de investigadores de la Universidad de Yale y la Universidad de Pisa ha analizado el ADN extraído de los restos óseos conservados en la Capilla de los Médici en Florencia, y el resultado apunta a un culpable que nada tiene que ver con las conspiraciones: la malaria. En las muestras apareció el material genético del Plasmodium falciparum, el parásito que causa la forma más grave del paludismo, según detalló Yale News. En el caso de Francesco, además, se detectó una segunda especie del parásito, Plasmodium malariae, que habría agravado el cuadro.

El estudio, publicado en la revista científica iScience, comparó los restos de Francesco con los de su hermano Giovanni, fallecido 25 años antes, en 1562, con síntomas prácticamente idénticos tras un viaje a la costa toscana, zona entonces plagada de marismas y mosquitos. Ambos hermanos compartían la huella genética del mismo mal.

El verdadero asesino: un mosquito

La clave estaba en el entorno. La villa de Poggio a Caiano se alzaba junto a arrozales y humedales, un criadero perfecto de los mosquitos que transmiten la malaria. En el siglo XVI nadie relacionaba aún al insecto con la enfermedad (ese descubrimiento no llegaría hasta tres siglos después), de modo que las fiebres tercianas, que reaparecían cada pocos días, resultaban un enigma médico fácil de confundir con un envenenamiento lento. Los síntomas del paludismo grave y los de una intoxicación por arsénico podían parecerse lo suficiente como para alimentar la sospecha durante generaciones.

Con estos datos, los autores consideran que pueden descartar el envenenamiento como causa de la muerte y, de paso, exonerar al cardenal Fernando de un crimen que la historia le atribuyó durante cuatrocientos años, según recoge la revista Smithsonian.

Una duda que aún resiste

La ciencia, sin embargo, invita a la prudencia. El hallazgo del parásito es sólido, pero, como recuerda elDiario.es, sigue siendo llamativa la coincidencia de que Francesco y Bianca enfermaran y murieran casi a la vez. Que el análisis genético señale a la malaria no borra por completo las sombras de una corte donde las intrigas eran moneda corriente. Lo que sí queda claro es que, para explicar la muerte del gran duque, ya no hace falta imaginar una copa envenenada: bastaba con la picadura de un mosquito.