Quien camina por la montaña o el medio rural de la España ganadera acaba, tarde o temprano, cruzándose con un mastín. Estos perros de gran tamaño no son mascotas: son perros de guarda que protegen los rebaños de los ataques del lobo, cada vez más presente en zonas de Castilla y León y la cornisa cantábrica. Un encuentro puede imponer, pero conocer cómo comportarse reduce mucho el riesgo.

Un animal que trabaja, no que ataca porque sí

El mastín está criado y adiestrado para disuadir, no para agredir a las personas. Su instinto es interponerse entre lo que considera una amenaza y su rebaño, ladrando y avanzando para marcar territorio. En la inmensa mayoría de los casos, si el paseante actúa bien, la situación se queda en un susto. Los problemas serios suelen aparecer cuando los perros están sueltos, sin control ni identificación de sus dueños, algo que la ley obliga a evitar.

Lo que NO debes hacer

Según recuerdan ganaderos y expertos, como se recoge en Jara y Sedal, hay reacciones que empeoran el encuentro:

  • No corras. Salir huyendo activa el instinto de persecución del perro.
  • No grites ni hagas aspavientos, ni le lances objetos: lo interpretará como una agresión.
  • No lo mires fijamente a los ojos, un gesto que para el animal es un desafío.
  • No te acerques a los cachorros ni intentes darles comida.

Lo que SÍ conviene hacer

  • Mantén la calma y habla en tono suave y tranquilo.
  • Detente o reduce el paso y retírate despacio, de lado, sin dar la espalda de forma brusca.
  • Si vas en bicicleta, desmonta: la velocidad y el sonido de la rueda excitan al perro. Puedes usar la propia bici como barrera entre él y tú.
  • Deja que el mastín compruebe que no eres una amenaza para el rebaño; en cuanto te alejes de los animales, lo normal es que pierda interés.

Responsabilidad de los dueños

El otro lado de la moneda es el de los propietarios. La normativa exige que estos perros estén identificados con microchip, vacunados y bajo control. Cuando eso falla y los animales campan sueltos por caminos o núcleos de población —algo que ha motivado denuncias e intervenciones en varios municipios rurales—, el conflicto con vecinos, senderistas y otros perros está servido. Compatibilizar la ganadería extensiva, imprescindible frente al lobo, con la seguridad de quien disfruta del campo pasa, sobre todo, por la responsabilidad de quien tiene a los mastines a su cargo.