El accidente que costó la vida a cuatro miembros de una misma familia en la autovía A-67, a la altura de Herrera de Pisuerga (Palencia), tiene nombres y una honda repercusión en el mundo del vino. Los fallecidos eran el empresario y enólogo Iván Sanz Cid, de 48 años, director general de la bodega Dehesa de los Canónigos, su mujer Irene Garijo (45) y dos de sus hijos, de 17 y 14 años, según El Español.

Una superviviente de 9 años

La hija menor, de 9 años, fue la única superviviente del siniestro. Resultó herida de gravedad y fue evacuada en helicóptero al Hospital Universitario de Burgos, donde permanece estable tras ser intervenida. Según la Subdelegación del Gobierno, la principal hipótesis del accidente, a partir de los primeros testimonios, apunta a una posible somnolencia al volante.

El hombre que abrió la bodega al mundo

Iván Sanz Cid dirigía Dehesa de los Canónigos, en Pesquera de Duero (Valladolid), una de las bodegas de referencia de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Ingeniero técnico agrónomo con formación en gestión, llevaba la dirección general de la empresa familiar junto a su hermana Belén, responsable del área técnica y enológica, según Forbes.

Bajo su impulso, la bodega reforzó su proyección internacional y llevó sus vinos a mercados de todo el mundo. Su gestión buscaba conjugar la tradición de una casa con décadas de historia con una mirada abierta a la exportación y la modernización.

Luto en la Ribera del Duero

La noticia ha causado una fuerte conmoción en el sector vitivinícola de Castilla y León, que en apenas un año ha encajado un doble golpe: la bodega ya perdió no hace mucho a su fundador, Luis Sanz Busto, padre de Iván y Belén. Bodegueros, instituciones y compañeros de profesión han trasladado sus condolencias a la familia y al equipo de Dehesa de los Canónigos.

Más allá de las cifras de exportación o del prestigio de sus vinos, la Ribera del Duero despide a una familia y a uno de sus impulsores en una tragedia que ha sacudido a toda la comarca.