Un telescopio que pierde altura
El observatorio Neil Gehrels Swift, un telescopio espacial de la NASA dedicado desde 2004 a cazar las explosiones más violentas del universo —los estallidos de rayos gamma—, tiene un problema: su órbita se está degradando. El rozamiento con las capas altas de la atmósfera lo va frenando y haciéndolo descender poco a poco, de modo que, sin intervención, acabaría reentrando y desintegrándose. Para evitarlo, la agencia ha puesto en marcha una misión de rescate inédita, según informó Space.com.
Una nave con brazos robóticos
La protagonista es LINK, una nave de servicio desarrollada por la empresa Katalyst Space Technologies. Lanzada este 3 de julio a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman —en el que fue su último vuelo—, la nave está equipada con tres brazos robóticos con los que intentará capturar el telescopio en pleno vuelo. Una vez agarrado, usará su propulsión iónica, muy eficiente, para elevar el conjunto a una altitud más segura, lejos del rozamiento atmosférico que amenaza con precipitar su caída, como detalla Science News.
Por qué es un hito
La maniobra no es sencilla: acercarse y sujetar un satélite que no fue diseñado para ser capturado exige una precisión extrema. Si sale bien, será la primera vez que una nave privada atrapa en órbita un satélite público estadounidense no tripulado, un paso importante para el pujante sector de los servicios en órbita: reparar, repostar o reubicar satélites en lugar de dejarlos morir. Es una forma de alargar la vida de aparatos muy valiosos y de reducir la basura espacial.
Lo que está en juego
Más allá de la proeza técnica, lo que se busca es salvar un instrumento científico todavía útil. Swift ha sido durante dos décadas una herramienta clave para estudiar fenómenos como los estallidos de rayos gamma, las supernovas o los agujeros negros, a menudo dando la primera alerta que permite a otros telescopios apuntar a tiempo. Si la misión de LINK tiene éxito, el veterano observatorio podría seguir observando el cielo unos años más; si no, la historia servirá al menos como banco de pruebas para las reparaciones espaciales del futuro.



