Un test pensado para chimpancés, adaptado a un insecto

¿Cuánta inteligencia cabe en un cerebro más pequeño que un grano de sésamo? Más de la que se pensaba. Un equipo de investigación, con participación de la Universidad de Oulu (Finlandia) y del biólogo Olli Loukola —especialista en cognición de estos insectos—, ha comprobado que los abejorros (Bombus terrestris) pueden resolver un problema completamente nuevo sin que nadie les enseñe cómo, según un estudio recogido por la prensa científica.

El experimento se inspira en una prueba clásica que el psicólogo Wolfgang Köhler ideó en 1917 para demostrar que los chimpancés podían resolver situaciones novedosas. En su versión para abejorros, la recompensa —una flor artificial con azúcar— quedaba fuera de su alcance, y para llegar a ella el insecto tenía que mover una pequeña bola y valerse de ella. Nadie les mostró la secuencia completa: solo conocían dos cosas por separado, que la flor daba azúcar y que la bola se podía empujar.

Combinar lo conocido para algo inédito

La clave del hallazgo es que los abejorros no lo resolvieron al azar, sino combinando esas dos piezas de información para afrontar un reto que no habían visto antes. Según el estudio, una mayoría de los ejemplares analizados lo logró de forma espontánea. Es lo que los científicos llaman flexibilidad cognitiva: recombinar lo que ya se sabe para responder a algo nuevo, una capacidad que durante mucho tiempo se atribuyó solo a animales de cerebro grande.

Y el de un abejorro es minúsculo: menos de un millón de neuronas, frente a los cerca de 86.000 millones del cerebro humano. Que un sistema nervioso tan pequeño produzca conductas tan flexibles es, precisamente, lo que llama la atención de los investigadores.

Cautela: no es "pensar" como nosotros

Los propios autores piden prudencia. El resultado no implica que los abejorros tengan conciencia ni que razonen como una persona. Lo que muestran es un tipo de flexibilidad de comportamiento notable para un insecto, no una mente humana en miniatura. La pregunta que abre el trabajo es más bien cómo la evolución ha logrado "comprimir" en un cerebro diminuto capacidades que asociábamos a organismos mucho mayores.

Una lista creciente de sorpresas

No es la primera vez que estos insectos desconciertan a los científicos. Trabajos anteriores han mostrado que los abejorros pueden aprender a abrir cajas-puzle para conseguir alimento, que aprenden observando a otras abejas cómo hacerlo —una forma de transmisión social— e incluso que hacen rodar pequeñas bolas sin recompensa aparente, algo que algunos investigadores han descrito como una posible forma de juego, como recogió National Geographic. En conjunto, dibujan un retrato inesperado: el de unos insectos mucho más capaces de lo que su tamaño sugiere.