Un caprino del norte de África en el monte español
El arruí (Ammotragus lervia), también llamado muflón del Atlas, es un caprino robusto originario del norte de África, adaptado a terrenos áridos y montañosos y reconocible por sus cuernos curvados hacia atrás. No forma parte de la fauna autóctona de la península: llegó a España con fines cinegéticos —para ofrecer una pieza de caza mayor— y su suelta más conocida se produjo en Sierra Espuña (Murcia), de donde partió su presencia en el país.
De la reserva de caza a la expansión
Lo que empezó como una introducción acotada se ha ido extendiendo con las décadas. Hoy hay arruíes campando por sierras de Murcia, Alicante y Valencia, señal de una capacidad de dispersión mayor de la prevista. El episodio de esta semana lo ilustra: un ejemplar recorrió durante más de un día el casco urbano de Dénia —del barrio del Saladar a la zona del castillo— hasta que fue abatido, según informó la prensa comarcal. Técnicos de la empresa pública ambiental intentaron primero capturarlo con redes y dardos anestésicos y, al no lograrlo y considerar que el animal suponía un peligro, optaron por el disparo como última opción.
Por qué se considera invasora
El arruí está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Los argumentos habituales para esa clasificación son la posible competencia con especies autóctonas como la cabra montés, el impacto sobre la vegetación por ramoneo y pisoteo, y su facilidad para colonizar territorios nuevos sin depredadores que lo frenen. Su condición legal implica que las administraciones deben controlar sus poblaciones y evitar que siga expandiéndose.
Un debate que la ciencia ha reabierto
El consenso, sin embargo, no es total. Investigaciones recientes vinculadas al CSIC han planteado que arruí y cabra montés podrían coexistir sin una competencia tan intensa como se suponía, al alimentarse de forma diferente, y algunos científicos cuestionan que la erradicación sea la mejor respuesta. La discusión sigue abierta: por un lado, el principio de precaución frente a una especie foránea que avanza; por otro, la duda sobre su verdadero impacto. Mientras tanto, la ley la mantiene catalogada como invasora y episodios como el de Dénia recuerdan que su presencia, lejos de remitir, se deja ver cada vez más cerca de los pueblos.



