Un problema que crece

De Castilla-La Mancha a Andalucía o Aragón, muchos agricultores comparten la misma queja: los conejos se han multiplicado hasta convertirse en una plaga que arrasa cultivos. La presión ha llevado a varias comunidades a declarar emergencias cinegéticas —permisos extraordinarios para controlar la población— en decenas de municipios, como en el caso de Castilla-La Mancha. Los daños se concentran en el cereal, la viña y los regadíos, donde el animal devora brotes y siembras y estropea instalaciones, con pérdidas millonarias para el sector.

Por qué hay tantos

La explosión demográfica tiene varias causas que se suman. Por un lado, la escasez de depredadores naturales en muchas zonas agrícolas. Por otro, que enfermedades que antaño diezmaban las poblaciones —como la mixomatosis o la enfermedad hemorrágica— ya no golpean con la misma intensidad. A ello se une la enorme capacidad reproductiva del conejo, capaz de tener varias camadas al año. El resultado son densidades muy altas en determinadas comarcas, donde el campo queda literalmente horadado de madrigueras.

Lo que pide el campo

Las organizaciones agrarias reclaman medidas urgentes: autorizar controles de población, facilitar cerramientos y vallados con apoyo público, permitir batidas en los momentos críticos e indemnizar a las explotaciones más dañadas. Reclaman, sobre todo, agilidad: una plaga que se multiplica rápido exige respuestas rápidas, argumentan, antes de que el destrozo se dispare cada temporada.

El otro lado: el conejo salva especies

Aquí está el nudo del problema. El conejo de monte no es solo una molestia: es una pieza clave del ecosistema mediterráneo. El lince ibérico, que ha remontado desde el borde de la extinción, depende casi por completo de él para alimentarse; y el águila imperial ibérica —que ha pasado de unas pocas decenas de parejas en los años setenta a varios centenares— obtiene del conejo la mayor parte de su dieta, como recuerda la Agencia SINC. Un control indiscriminado podría, por tanto, poner en riesgo décadas de conservación.

Un equilibrio delicado

No hay solución sencilla. Los expertos apuntan a fórmulas selectivas: reforzar el control allí donde el conejo daña la agricultura y, a la vez, mantener poblaciones sanas en los espacios donde sostienen a las especies amenazadas. Distinguir entre unos lugares y otros es el gran reto. Mientras agricultores y conservacionistas buscan ese punto medio, la plaga sigue avanzando en el campo, en un recordatorio de que, en la naturaleza, tocar una pieza mueve todas las demás.